jueves, 25 de marzo de 2010

Jostein Gaarder (Oslo
1952)
Escritor noruego autor de
novelas, historias cortas y
libros para niños

Aquí estoy de nuevo. Como ves, este curso de filosofía
llegará en pequeñas dosis. He aquí unos comentarios
más de introducción.

¿Dije ya que lo único que necesitamos para ser
buenos filósofos es la capacidad de asombro? Si no
lo dije, lo digo ahora: LO ÚNICO QUE NECESITAMOS
PARA SER BUENOS FILÓSOFOS ES
LA CAPACIDAD DE ASOMBRO.

Todos los niños pequeños tienen esa capacidad. No
faltaría más. Tras unos cuantos meses, salen a una
realidad totalmente nueva. Pero conforme van creciendo,
esa capacidad de asombro parece ir disminuyendo.
¿A qué se debe? ¿Conoce Sofía Amundsen
la respuesta a esta pregunta?

Veamos: si un recién nacido pudiera hablar, seguramente
diría algo de ese extraño mundo al que ha
llegado. Porque, aunque el niño no sabe hablar,
vemos cómo señala las cosas de su alrededor y
cómo intenta agarrar con curiosidad las cosas de la
habitación.

Cuando empieza a hablar, el niño se para y grita
«guau, guau» cada vez que ve un perro. Vemos
cómo da saltos en su cochecito, agitando los brazos
y gritando «guau, guau, guau, guau». Los que ya
tenemos algunos años a lo mejor nos sentimos un
poco agobiados por el entusiasmo del niño. «Sí, sí,
es un guau, guau», decimos, muy conocedores del
mundo, «tienes que estarte quietecito en el coche».
No sentimos el mismo entusiasmo. Hemos visto
perros antes.

Quizás se repita este episodio de gran entusiasmo
unas doscientas veces, antes de que el niño pueda
ver pasar un perro sin perder los estribos. O un
elefante o un hipopótamo. Pero antes de que el niño
haya aprendido a hablar bien, y mucho antes de que
aprenda a pensar filosóficamente, el mundo se ha
convertido para él en algo habitual.

¡Una pena, digo yo!

Lo que a mí me preocupa es que tú seas de los que
toman el mundo como algo asentado, querida
Sofía. Para asegurarnos, vamos a hacer un par deexperimentos mentales, antes de iniciar el curso de
filosofía propiamente.

Imagínate que un día estás de paseo por el bosque.
De pronto descubres una pequeña nave espacial en
el sendero delante de ti. De la nave espacial sale un
pequeño marciano que se queda parado, mirándote
fríamente.

¿Qué habrías pensado tú en un caso así? Bueno,
eso no importa, ¿pero se te ha ocurrido alguna vez
pensar que tu misma eres una marciana?

Es cierto que no es muy probable que te vayas a
topar con un ser de otro planeta. Ni siquiera sabemos
si hay vida en otros planetas. Pero puede ocurrir
que te topes contigo misma. Puede que de pronto
un día te detengas, y te veas de una manera
completamente nueva. Quizás ocurra precisamente
durante un paseo por el bosque.

Soy un ser extraño, pensarás. Soy un animal misterioso.

Es como si te despertaras de un larguísimo sueño,
como la Bella Durmiente. ¿Quién soy?, te preguntarás.
Sabes que gateas por un planeta en el universo.
¿Pero qué es el universo?

Si llegas a descubrirte a ti misma de ese modo,
habrás descubierto algo igual de misterioso que
aquel marciano que mencionamos hace un momento.

No sólo has visto un ser del espacio, sino que sientes
desde dentro que tú misma eres un ser tan misterioso
como aquél.

De: El Mundo de Sofía. Jostein Gaarder. Editorial
Siruela. Madrid, 2000.

El Libro del Buen Salvaje

Antonio Cisneros (Lima 1942)
Poeta, periodista, cronista, guionista,
catedrático y traductor.

Lunes

Releo La tentación del fracaso, el diario personal
de Julio Ramón Ribeyro. Este texto del día 17 de
mayo lo pude haber escrito yo. “Envejecemos
cuando nos damos cuenta de que empieza a sobrarnos
un poco de pasado. Los recuerdos se acumulan
y ya no sabemos qué hacer con ellos. Nuestra memoria
parece tener una capacidad limitada. Vencida
ésta, sobreviene el desorden, el embarazo y lo almacenado
asoma a la conciencia.

“Precisamente lo que me ha impedido dormir ha
sido un exceso de recuerdos. Recuerdos en cadena
que comienzan en París se prolongan hasta Lima a
través de mil peripecias.”

Lo pude haber escrito. Sólo que en ese tiempo Ribeyro
tenía veintiocho años y yo tengo cincuenta.

Martes

La Negra, Alejandra y Soledad están en Cajamarca.
Yo deambulo, como un animal acorralado, por mi
departamento que de pronto ha cobrado unas dimensiones
faraónicas. El camino entre el dormitorio
y la cocina parece interminable. Hay más silencio
del que puedo soportar.



Miércoles

La última que estuve en el hospital (sólo para un
examen de rutina) coincidí con mi amigo el poeta
César Calvo, que se hallaba dos pisos más arriba. Y
decidimos, dada nuestra proclividad por los nosocomios,
escribir una novela a cuatro manos. Una
novela de pacientes internos, donde nuestro único
punto de vista sea el que nos brindan los vericuetos
hospitalarios. Debe ser policial y realista, y no será
admitido ningún personaje del mundo exterior,
salvo algún visitante excepcional.

Este es el primer párrafo: “Desde los ventanales
que miran al norte, Lima es la réplica del centro
financiero de una ciudad oriental más o menos
moderna. Por la noche, los altos edificios brillantes
y en desorden recuerdan Hong Kong. Aunque a la
luz del día no hay engaño: tiene todas las trazas de
Bagdad (según la CNN) y algo también de México
D.F. en unas cuantas cuadras de Insurgentes, a no
ser por un par de cerros amarillos que sólo pertenecen
al Perú”.

Por lo demás, la novela tiene que estar destinada a
convertirse en un best seller. Su extensión depende,
en gran medida, de cuánto se prolonguen nuestros
males.




Jueves

Hace un año, a las 9 y media de la noche, murió mi
padre. Todavía no lo acepto.



Viernes

Fernando Ampuero y yo hemos hecho un recorrido
algo desordenado en nuestras bicicletas. El día gris
y tristón no invitaba al circuito habitual por los
malecones de Miraflores y Barranco. Nos internamos
más bien, sin mucha convicción entre las calles
de algún barrio residencial de Santa Cruz, casi
tan anodino como los de San Borja.

De pronto nos topamos con un árbol. Un árbol
gigantesco en medio de alguna antigua chacra,
convertida en un parque vulgar. Sus sucesivos
troncos entrelazados al final en una sola masa
compacta tenían el aire de otro siglo. Ese diámetro
de casi 4 metros podía ser el del ombú de las pampas
argentinas, pero un follaje espinoso y unas
flores carnívoras de terciopelo eliminaban la posibilidad.
Un árbol maravilloso. Nadie, ni los viejos
jardineros, sabe su nombre.



Sábado

He recibido una llamada telefónica muy desagradable.
No la quiero comentar




De: El libro del buen salvaje. Antonio Cisneros. Editorial
Peisa. Lima, 1994.

Prosas Apátridas

Julio Ramón Ribeyro (1929-
1994)
Escritor peruano, considerado uno
de los mejores cuentistas de la
literatura latinoamericana.

27


Esta que tengo ahora en la Avenue des Gobelins es
el nicho del ingenio: estrechísima, larga, oscura,
amenazada por el bullicio de tanta carrocería. No se
trata, sin embargo, de una habitación miserable,
sino de una pieza donde se ve con demasiada evidencia
la mano ecónoma del previsor e insoportable
patrón del hotel parisino. Es lo que se puede
llamar una habitación mezquina. No hay la posibilidad
de dejar correr el agua en el lavabo, ni de
conectar un tocadiscos porque los plomos estallan.
No hay una repisa donde poner libros ni un escondrijo
donde sepultar la maleta para evitarnos la
impresión de ser los eternos viajeros. Por el contrario,
toda la configuración de la pieza parece estar
destinada a recordarnos que somos pasajeros, que
no tenemos la más remota esperanza de estabilidad
y que debemos eliminar de nuestra imaginación el
proyecto de establecer aquí nuestro domicilio. Si
las habitaciones hablaran, ésta diría: “Extranjero, te
consiento que duermas, pero vete lo más pronto
posible y no dejes el menor recuerdo de tu persona.”


30

El advenimiento de un niño a un hogar es como la
irrupción de los bárbaros en el viejo imperio romano.
Mi hijo ha destrozado en veinte meses de vida
todos los signos exteriores y ostentatorios de nuestra
cultura doméstica: la estatuilla de porcelana que
heredé de mi padre, reproducciones de esculturas
famosas, ceniceros raros hurtados con tanta astucia
en restaurantes, copas de cristal encargadas a Polonia,
libros con grabados preciosos, el tocadiscos
portátil, etc. El niño se siente frente a estos objetos,
cuya utilidad desconoce, como un bárbaro frente a
los productos enigmáticos de una civilización que
no es la suya. Y como a pesar de su ignorancia y su
sinrazón, él representa la fuerza, la supervivencia,
es decir, el porvenir, los destruye. Destruye los
signos de una cultura ya para él caduca porque sabe
que podrá remplazarlos, desde que él encarna, potencialmente,
una nueva cultura.


48


Mi mirada adquiere en privilegiados momentos una
intolerable acuidad y mi inteligencia una penetración
que me asusta. Todo se convierte para mí en
signo, en presagio. Las cosas dejan de ser lo que
parecen para convertirse probablemente en lo que
son. El amigo con el que converso es un animal
doméstico cuyas palabras apenas comprendo, la
canción de Monteverdi que escucho, la suma de
todas las melodías inventadas hasta ahora; el vaso
que tengo en la mano, un objeto que me ofrece,
atravesando los siglos, el hombre de la edad de
piedra; el automóvil que atraviesa la plaza, el sueño
de un guerrero sumerio; y hasta mi pobre gato, el
mensajero del conocimiento, la tentación y la catástrofe.
Cada cosa pierde su candor para transformarse
en lo que esconde, germina o significa. En estos
momentos, insoportables, lo único que se desea es
cerrar los ojos, taparse los oídos, abolir el pensamiento
y hundirse en un sueño sin riberas.


50

El policía del metro: bella frente, mirada noble,
nariz perfilada, expresión de sensibilidad e inteligencia,
que me hicieron preguntarme qué hacía un
artista en potencia cubierto con ese desprestigiado
uniforme. De pronto un compañero se acerca y le
dice algo al oído. El policía empieza a reír, los ojos
se le desorbitan, su nariz se achata, sus maxilares
comienzan a desquiciarse, su perfecta dentadura
asoma ferozmente, todos los tendones y nervios de
su cuello vibran, sus músculos faciales se agarrotan
y de sus fauces brota un rugido atroz, inhumano,
como el de un jabalí acosado o un toro atravesado
por el estoque. Su risa lo delata.


52

Viajar en un tren en el sentido de la marcha o de
espaldas a ella: la cantidad física de paisaje que se
ve es la misma, pero la impresión que se tiene de él
es tan distinta. Quien viaja en el buen sentido siente
que el paisaje se proyecta hacia él o más se siente
proyectado hacia el paisaje; quien viaja de espaldas
siente que el paisaje huye, se le escapa de los ojos.
En el primer caso, el viajero sabe que se está acercando
a un sitio, cuya proximidad presiente por
cada nueva fracción de espacio que se le presenta;
en el segundo, sólo que se aleja de algo. Así, en la
vida, algunas personas parecen viajar de espaldas:
no saben adónde van, ignoran lo que les aguarda,
todo los esquiva, el mundo que los demás asimilan
por un acto frontal de percepción es para ellos sólo
fuga, residuo, pérdida, defecación.



53

Distancia: a doscientos metros no podemos saber si
una mujer es bella. A unos centímetros todas son
iguales. La percepción de la belleza necesita cierto
margen espacial, que varía no sólo de acuerdo al
observador, sino también de acuerdo al objeto observado.
Entre nosotros decíamos sobre algunas
mujeres, utilizando una expresión ya convenida,
“tiene buen lejos”, pues a cierta distancia parecía
guapa, pero apenas se acercaba no lo era. Otras, en
cambio, tienen “buen cerca”, pero al alejarse notamos
que son desproporcionadas o flacas o con las
piernas torcidas. ¿Qué distancia debe servirnos de
patrón para dar un veredicto estético sobre una
persona? Un amigo, a quien hice esta consulta, me
respondió: “La distancia de la conversación”.




De: Prosas Apátridas. Julio Ramón Ribeyro. Seis
Barral. Barcelona, 2006

Contemplo la basura

Contemplo la basura

Jorge Eduardo Eielson (1924 –
2006), Poeta peruano. Es considerado uno
de los mayores poetas y artistas
latinoamericanos del siglo XX

Y veo una rosa
Pero no una rosa en la basura
Sino la basura convertida en una rosa
Observo una rosa y veo la basura
Que alimenta su belleza
A través de su corola y sus raíces
Así la rosa y la basura
Son la misma cosa
Porque hoy día son basura
Y mañana rosa

De: Sin título. Jorge Eduardo Eielson. Editorial Pre-
Textos. Valencia, 2000.

Instrucciones para subir una escalera

Instrucciones para subir una escalera

Julio Cortázar (1914-1984), Escritor e intelectual argentino

Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia
el suelo se pliega de manera tal que una parte sube
en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la
parte siguiente se coloca paralela a este plano, para
dar paso a una nueva perpendicular, conducta que
se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas
sumamente variables. Agachándose y poniendo la
mano izquierda en una de las partes verticales, y la
derecha en la horizontal correspondiente, se está en
posesión momentánea de un peldaño o escalón.
Cada uno de estos peldaños, formados como se ve
por dos elementos, se situó un tanto más arriba y
adelante que el anterior, principio que da sentido a
la escalera, ya que cualquiera otra combinación
producirá formas quizá más bellas o pintorescas,
pero incapaces de trasladar de una planta baja a un
primer piso.

Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o
de costado resultan particularmente incómodas. La
actitud natural consiste en mantenerse de pie, los
brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida
aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños
inmediatamente superiores al que se pisa, y
respirando lenta y regularmente. Para subir una
escalera se comienza por levantar esa parte del
cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi
siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones
cabe exactamente en el escalón. Puesta en el
primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos
pie, se recoge la parte equivalente de la
izquierda (también llamada pie, pero que no ha de
confundirse con el pie antes citado), y llevándola a
la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en
el segundo peldaño, con lo cual en éste descansaráel pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros
peldaños son siempre los más difíciles, hasta
adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia
de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación.
Cuídese especialmente de no levantar al
mismo tiempo el pie y el pie).

Llegando en esta forma al segundo peldaño, basta
repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse
con el final de la escalera. Se sale de ella
fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija
en su sitio, del que no se moverá hasta el momento
del descenso.

De: "Historias de Cronopios y de Famas", Julio
Cortázar, 1962. © 1996 Alfaguara.

jueves, 11 de marzo de 2010

"IT'S LIKE A BRAIN"

Es un placer casi sexual reventarse granos; pero esto es demasiado...

domingo, 7 de febrero de 2010

MLC sigue vivo, pero moribundo. RESUCÍTALO!

Desde la desaparición de un Foro en la GRANDIOSA página de WrestlingDom.com, los Shows e-feds al estilo parodia de los mismos que había(MCLs y SSMs (Había otro, de un debutante, pero ni me incluyó, así que no lo incluyo)), se esfumaron junto con el Foro. Sin embargo, uno de los Shows sigue relativamente activo, puesto que su dueño decidió crearse un Blog para ello.

MCL sigue vivo, pero, con la fama de los Blogs, está moribundo. Síguelo acá:



Mi lista de blogs