Gilbert Keith Chesterton (1874 -
1936)
Escritor británico. Se han referido a él
como el "príncipe de las paradojas".
Podemos decirlo de este modo: hay ciertas secuencias
o desarrollos (casos en los que una cosa sigue
a la otra), que son, en el verdadero sentido del
vocablo, razonables. Tales son las secuencias matemáticas
y lógicas. Nosotros, en el país de las
hadas (que somos las más razonables de todas las
criaturas), admitimos aquella razón y aquella necesidad.
Por ejemplo, si las hermanas feas son mayo5
res que la Cenicienta, es (en un sentido férreo y
terrible) necesario que la Cenicienta sea más joven
que las hermanas feas. Aquí no hay nada fuera de
lugar. Haeckel puede hablar cuanto quiera de fatalismo
acerca de este hecho: éste debe ser tal como
es. Si Jack es el hijo de un molinero, un molinero
es el padre de Jack. La fría razón lo decreta desde
su frío trono, y nosotros, en el país de las hadas,
nos sometemos. Si los tres hermanos cabalgan
sobre caballos, hay, en consecuencia, seis seres
animados y dieciocho extremidades inferiores: este
es auténtico racionalismo y el país de las hadas
está colmado de él. Pero cuando puse mi mente en
el reino de las hadas y comencé a advertir el mundo
natural, observé algo extraordinario. Observé
que los hombres educados que llevan anteojos
hablaban de las cosas que acontecían (la aurora, la
muerte, etc.) como si fuesen racionales e inevitables.
Hablaban como si el hecho de que los árboles
produzcan frutos fuese tan necesario como el
hecho de que dos árboles y un árbol sean tres. Pero
no es así. Cuando se le aplica el criterio del país de
las hadas, se percibe la enorme diferencia. Ese
criterio es el de la imaginación. Pero tú no puedes
imaginar que dos y uno no constituyan tres. No
obstante, tu puedes imaginar árboles que no produzcan
fruto; puedes imaginarlos produciendo
velas doradas o tigres que cuelguen de ellos por la
cola. Estos hombres que llevan lentes hablan mucho
de un hombre llamado Newton que fue golpeado
por una manzana y descubrió una ley. Pero
no pueden ver la distinción existente entre una
verdadera ley, una ley racional, y el hecho simple
de que las manzanas caigan. Si la manzana golpeó
la nariz de Newton, la nariz de Newton golpeó la
manzana. Así es la auténtica necesidad; por ella no
podemos concebir que una cosa ocurra sin la otra.
Pero podemos muy bien concebir que la manzana
no caiga sobre su nariz; podemos imaginarla volando
por el aire, alegremente, para golpear alguna
otra nariz, por la que siente un desagrado especial.
Nosotros hemos distinguido siempre, en nuestros
cuentos de hadas, entre la ciencia de las relaciones
mentales, en las que hay realmente leyes, y la
ciencia de los hechos físicos, en la cual no hay
leyes sino sólo sorprendentes repeticiones. Creemos
en milagros corpóreos, pero no en imposibilidades
mentales. Creemos que el tallo de una habichuela
ascendió hasta los cielos; pero esto no significa
que confundamos nuestras certidumbres
cuando abordamos la pregunta filosófica acerca de
cuantas habichuelas hacen cinco.
Aquí residen el timbre y la verdad de la perfección
peculiar de los cuentos infantiles. El hombre de
ciencia dice: “corta el tallo y la manzana caerá”; lo
dice con calma, como si una idea condujese a la
otra. La bruja dice en el cuento de hadas: “sopla la
trompeta, y caerá el castillo del ogro”; pero no lo
dice como si debiera acontecer algo en lo cual el
efecto siga obviamente a la causa. Sin duda, la
bruja aconsejó a muchos campeones y vió caer a
muchos castillos, pero no abandonó, ni su capacidad
de maravillarse, ni su razón. Ella no enturbia
su mente intentando imaginar una conexión mental
necesaria entre el sonido de una trompeta y la caída
de una torre. Pero los hombres de ciencia enturbian
sus mentes hasta que logran imaginar una
conexión mental necesaria entre una manzana que
abandona un árbol y una manzana que llega al
piso. Ellos no hablan sobre eso como si hubiesen
encontrado no sólo un conjunto de hechos maravillosos,
sino una verdad que conecta aquellos
hechos. Hablan como si la conexión física de dos
cosas extrañas, las conecte filosóficamente. Creen
que porque una cosa incomprensible, siga constantemente
a otra cosa incomprensible, de algún modo,
ambas producirán una cosa comprensible. Que
dos oscuros enigmas producen una clara respuesta.
(…)Cuando se nos pregunta por qué los huevos se
convierten en aves o los frutos caen en otoño, debemos,
responder exactamente, como lo hace la
madrina preguntada por Cenicienta acerca de por
qué los ratones se convierten en caballos o por qué
sus vestiduras desaparecen a medianoche. Debemos
responder que es a causa de la magia. No es
una “ley”, pues, no comprendemos su fórmula
general. No es una necesidad, pues, aún cuando
podamos suponerla como aconteciendo prácticamente,
no podemos decir que acontecerá siempre.
Que confiemos en el curso ordinario de las cosas
no es ningún argumento a favor de una ley inalterable
(como creía Huxley). No confiamos en él;
apostamos sobre él. Arriesgamos la posibilidad
remota de un milagro, como cuando lo hacemos en
relación a un panqueque envenenado o un cometa
que destruya el mundo. Lo dejamos fuera de cálculo,
no porque sea un milagro, y, en consecuencia
una imposibilidad, sino precisamente porque es un
milagro, y, en consecuencia, una excepción. Todos
los términos utilizados en los libros de ciencias,
“ley”, “necesidad”, “orden”, “tendencia”, etc., son,
realmente, no intelectuales, porque asumen una
síntesis interior que no poseemos. Las únicas palabras
que siempre me han satisfecho para describir
la naturaleza son las palabras utilizadas en los
libros de cuentos de hadas, “encantamiento”, “conjuro”,
“hechizo”. Expresan la arbitrariedad de los
hechos y su misterio. Un árbol produce fruto porque
es un árbol mágico. El agua desciende por la
colina porque está embrujada. El sol brilla porque
está embrujado.
domingo, 18 de abril de 2010
El mito de la caverna
Platón, República, Libro VII
"I. -Y a continuación -seguí- compara con la siguiente
escena el estado en que, con respecto a la
educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza.
Imagina una especie de cavernosa vivienda
subterránea provista de una larga entrada, abierta a
la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna
y unos hombres que están en ella desde niños,
atados por las piernas y el cuello de modo que
tengan que estarse quietos y mirar únicamente
hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver
la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego
que arde algo lejos y en plano superior, y entre el
fuego y los encadenados, un camino situado en
alto; y a lo largo del camino suponte que ha sido
construido un tabiquillo parecido a las mamparas
que se alzan entre los titiriteros y el público, por
encima de las cuales exhiben aquéllos sus maravillas.
-Ya lo veo -dijo.
-Pues bien, contempla ahora, a lo largo de esa
paredilla, unos hombres que transportan toda clase
de objetos cuya altura sobrepasa la de la pared, y
estatuas de hombres o animales hechas de piedra y
de madera y de toda clase de materias; entre estos
portadores habrá, como es natural, unos que vayan
hablando y otros que estén callados.
-Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños
pioneros!
-Iguales que nosotros -dije-, porque, en primer
lugar ¿crees que los que están así han visto otra
cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las
sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de
la caverna que está frente a ellos?
-¡Cómo -dijo-, si durante toda su vida han sido
obligados a mantener inmóviles las cabezas?
-¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto
lo mismo?
-¿Qué otra cosa van a ver?
-Y, si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no
piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas
sombras que veían pasar ante ellos? Forzosamente.
-¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la
parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que
hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos
que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra
que veían pasar?
-No, ¡por Zeus! -dijo.
-Entonces no hay duda -dije yo- de que los tales no
tendrán por real ninguna otra cosa más que las
sombras de los objetos fabricados.
-Es enteramente forzoso -dijo.
-Examina, pues -dije-, qué pasaría si fueran liberados
de sus cadenas y curados de su ignorancia y si,
conforme a naturaleza, les ocurriera lo siguiente.
Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a
levantarse súbitamente y a volver el cuello y a
andar y a mirar a la luz y cuando, al hacer todo
esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas,
no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras
veía antes, ¿qué crees que contestaría si le
dijera alguien que antes no veía más que sombras
inanes y que es ahora cuando, hallándose más
cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más
reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera
mostrándole los objetos que pasan y obligándole
a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada
uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que
lo que antes había contemplado le parecería más
verdadero que lo que entonces se le mostraba?
-Mucho más -dijo.
II. -Y, si se le obligara a fijar su vista en la luz
misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y que se
escaparía volviéndose hacia aquellos objetos que
puede contemplar, y que consideraría que éstos
son realmente más claros que los que le muestran?
-Así es -dijo.
-Y, si se lo llevaran de allí a la fuerza -dije-,
obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida,
y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta
la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a
mal el ser arrastrado y, una vez llegado a la luz,
tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz
de ver ni una sola de las cosas a las que ahora
llamamos verdaderas?
4
-No, no sería capaz -dijo-, al menos por el momento.
-Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder
llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería más
fácilmente serían, ante todo, las sombras, luego,
las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados
en las aguas, y más tarde, los objetos mismos.
Y después de esto le sería más fácil el contemplar
de noche las cosas del cielo y el cielo
mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas y
la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio.
-¿Cómo no?
-Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus
imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar
ajeno a él, sino el propio sol en su propio dominio
y tal cual es en sí mismo, lo que él estaría en condiciones
de mirar y contemplar.
-Necesariamente -dijo.
-Y, después de esto, colegiría ya con respecto al
sol que es él quien produce las estaciones y los
años y gobierna todo lo de la región visible y es,
en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas
que ellos veían.
-Es evidente -dijo- que después de aquello vendría
a pensar en eso otro.
-¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación
y de la ciencia de allí y de sus antiguos
compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría
feliz por haber cambiado y que les compadecería
a ellos? Efectivamente.
-Y, si hubiese habido entre ellos algunos honores o
alabanzas o recompensas que concedieran los unos
a aquellos otros que, por discernir con mayor penetración
las sombras que pasaban y acordarse
mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían
pasar delante o detrás o junto con otras, fuesen
más capaces que nadie de profetizar, basados en
ello, lo que iba a suceder, ¿crees que sentiría aquél
nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes
gozaran de honores y poderes entre aquéllos, o
bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que
preferiría decididamente «ser siervo en el campo
de cualquier labrador sin caudal » o sufrir cualquier
otro destino antes que vivir en aquel mundo
de lo opinable?
-Eso es lo que creo yo -dijo-: que preferiría cualquier
otro destino antes que aquella vida.
-Ahora fíjate en esto -dije-: si, vuelto el tal allá
abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no
crees que se le llenarían los ojos de tinieblas como
a quien deja súbitamente la luz del sol?
-Ciertamente -dijo.
-Y, si tuviese que competir de nuevo con los que
habían permanecido constantemente encadenados,
opinando acerca de las sombras aquellas que, por
no habérsele asentado todavía los ojos, ve con
dificultad -y no sería muy corto el tiempo que
necesitara para acostumbrarse-, ¿no daría que reír
y no se diría de él que, por haber subido arriba, ha
vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la
pena ni aun de intentar una semejante ascensión?
¿Y no matarían, si encontraban manera de echarle
mano y matarle, a quien intentara desatarles y
hacerles subir?
-Claro que sí-dijo.
III. -Pues bien -dije-, esta imagen hay que aplicarla
toda ella, ¡oh, amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho
antes; hay que comparar la región revelada por
medio de la vista con la vivienda-prisión y la luz
del fuego que hay en ella con el poder del sol. En
cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación
de las cosas de éste, si las comparas
con la ascensión del alma hasta la región inteligible
no errarás con respecto a mi vislumbre, que es
lo que tú deseas conocer y que sólo la divinidad
sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí
lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo
último que se percibe, y con trabajo, es la idea del
bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que
ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay
en todas las cosas, que, mientras en el mundo visible
ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en
el inteligible es ella la soberana y productora de
verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que
verla quien quiera proceder sabiamente en su vida
privada o pública.
-También yo estoy de acuerdo -dijo-, en el grado
en que puedo estarlo."
"I. -Y a continuación -seguí- compara con la siguiente
escena el estado en que, con respecto a la
educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza.
Imagina una especie de cavernosa vivienda
subterránea provista de una larga entrada, abierta a
la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna
y unos hombres que están en ella desde niños,
atados por las piernas y el cuello de modo que
tengan que estarse quietos y mirar únicamente
hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver
la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego
que arde algo lejos y en plano superior, y entre el
fuego y los encadenados, un camino situado en
alto; y a lo largo del camino suponte que ha sido
construido un tabiquillo parecido a las mamparas
que se alzan entre los titiriteros y el público, por
encima de las cuales exhiben aquéllos sus maravillas.
-Ya lo veo -dijo.
-Pues bien, contempla ahora, a lo largo de esa
paredilla, unos hombres que transportan toda clase
de objetos cuya altura sobrepasa la de la pared, y
estatuas de hombres o animales hechas de piedra y
de madera y de toda clase de materias; entre estos
portadores habrá, como es natural, unos que vayan
hablando y otros que estén callados.
-Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños
pioneros!
-Iguales que nosotros -dije-, porque, en primer
lugar ¿crees que los que están así han visto otra
cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las
sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de
la caverna que está frente a ellos?
-¡Cómo -dijo-, si durante toda su vida han sido
obligados a mantener inmóviles las cabezas?
-¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto
lo mismo?
-¿Qué otra cosa van a ver?
-Y, si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no
piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas
sombras que veían pasar ante ellos? Forzosamente.
-¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la
parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que
hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos
que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra
que veían pasar?
-No, ¡por Zeus! -dijo.
-Entonces no hay duda -dije yo- de que los tales no
tendrán por real ninguna otra cosa más que las
sombras de los objetos fabricados.
-Es enteramente forzoso -dijo.
-Examina, pues -dije-, qué pasaría si fueran liberados
de sus cadenas y curados de su ignorancia y si,
conforme a naturaleza, les ocurriera lo siguiente.
Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a
levantarse súbitamente y a volver el cuello y a
andar y a mirar a la luz y cuando, al hacer todo
esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas,
no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras
veía antes, ¿qué crees que contestaría si le
dijera alguien que antes no veía más que sombras
inanes y que es ahora cuando, hallándose más
cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más
reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera
mostrándole los objetos que pasan y obligándole
a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada
uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que
lo que antes había contemplado le parecería más
verdadero que lo que entonces se le mostraba?
-Mucho más -dijo.
II. -Y, si se le obligara a fijar su vista en la luz
misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y que se
escaparía volviéndose hacia aquellos objetos que
puede contemplar, y que consideraría que éstos
son realmente más claros que los que le muestran?
-Así es -dijo.
-Y, si se lo llevaran de allí a la fuerza -dije-,
obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida,
y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta
la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a
mal el ser arrastrado y, una vez llegado a la luz,
tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz
de ver ni una sola de las cosas a las que ahora
llamamos verdaderas?
4
-No, no sería capaz -dijo-, al menos por el momento.
-Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder
llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería más
fácilmente serían, ante todo, las sombras, luego,
las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados
en las aguas, y más tarde, los objetos mismos.
Y después de esto le sería más fácil el contemplar
de noche las cosas del cielo y el cielo
mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas y
la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio.
-¿Cómo no?
-Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus
imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar
ajeno a él, sino el propio sol en su propio dominio
y tal cual es en sí mismo, lo que él estaría en condiciones
de mirar y contemplar.
-Necesariamente -dijo.
-Y, después de esto, colegiría ya con respecto al
sol que es él quien produce las estaciones y los
años y gobierna todo lo de la región visible y es,
en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas
que ellos veían.
-Es evidente -dijo- que después de aquello vendría
a pensar en eso otro.
-¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación
y de la ciencia de allí y de sus antiguos
compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría
feliz por haber cambiado y que les compadecería
a ellos? Efectivamente.
-Y, si hubiese habido entre ellos algunos honores o
alabanzas o recompensas que concedieran los unos
a aquellos otros que, por discernir con mayor penetración
las sombras que pasaban y acordarse
mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían
pasar delante o detrás o junto con otras, fuesen
más capaces que nadie de profetizar, basados en
ello, lo que iba a suceder, ¿crees que sentiría aquél
nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes
gozaran de honores y poderes entre aquéllos, o
bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que
preferiría decididamente «ser siervo en el campo
de cualquier labrador sin caudal » o sufrir cualquier
otro destino antes que vivir en aquel mundo
de lo opinable?
-Eso es lo que creo yo -dijo-: que preferiría cualquier
otro destino antes que aquella vida.
-Ahora fíjate en esto -dije-: si, vuelto el tal allá
abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no
crees que se le llenarían los ojos de tinieblas como
a quien deja súbitamente la luz del sol?
-Ciertamente -dijo.
-Y, si tuviese que competir de nuevo con los que
habían permanecido constantemente encadenados,
opinando acerca de las sombras aquellas que, por
no habérsele asentado todavía los ojos, ve con
dificultad -y no sería muy corto el tiempo que
necesitara para acostumbrarse-, ¿no daría que reír
y no se diría de él que, por haber subido arriba, ha
vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la
pena ni aun de intentar una semejante ascensión?
¿Y no matarían, si encontraban manera de echarle
mano y matarle, a quien intentara desatarles y
hacerles subir?
-Claro que sí-dijo.
III. -Pues bien -dije-, esta imagen hay que aplicarla
toda ella, ¡oh, amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho
antes; hay que comparar la región revelada por
medio de la vista con la vivienda-prisión y la luz
del fuego que hay en ella con el poder del sol. En
cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación
de las cosas de éste, si las comparas
con la ascensión del alma hasta la región inteligible
no errarás con respecto a mi vislumbre, que es
lo que tú deseas conocer y que sólo la divinidad
sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí
lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo
último que se percibe, y con trabajo, es la idea del
bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que
ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay
en todas las cosas, que, mientras en el mundo visible
ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en
el inteligible es ella la soberana y productora de
verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que
verla quien quiera proceder sabiamente en su vida
privada o pública.
-También yo estoy de acuerdo -dijo-, en el grado
en que puedo estarlo."
El mito del nacimiento de Eros
Platón (427 – 347 a. C.)
Fue un filósofo griego, alumno de
Sócrates y maestro de Aristóteles
-¿Qué puede ser, entonces, Eros? -dije yo-.
¿Un mortal?
-En absoluto.
-¿Pues qué entonces?
-Como en los ejemplos anteriores -dijo-, algo intermedio
entre lo mortal y lo inmortal.
-¿Y qué es ello, Diotima?
-Un gran demon, Sócrates. Pues también todo lo
demónico está entre la divinidad y lo mortal.
-¿Y qué poder tiene? -dije yo.
- Interpreta y comunica a los dioses las cosas de
los hombres y a los hombres las de los dioses,
súplicas y sacrificios de los unos y de los otros
órdenes y recompensas por los sacrificios. Al estar
en medio de unos y otros llena el espacio entre
ambos, de suerte que el todo queda unido consigo
mismo como un continuo 2. A través de él funciona
toda la adivinación y el arte de los sacerdotes
relativa tanto a los sacrificios como a los ritos,
ensalmos, toda clase de mántica y la magia. La
divinidad no tiene contacto con el hombre, sino
que es a través de este demon como se produce
todo contacto y diálogo entre dioses y hombres,
tanto como si están despiertos como si están durmiendo.
Y así, el que es sabio en tales materias es un hombre
demónico, mientras que el que lo es en cualquier
otra cosa, ya sea en las artes o en los trabajos
manuales, es un simple artesano. Estos démones,
en efecto, son numerosos y de todas clases, y uno
de ellos es también Eros.
-¿Y quién es su padre y su madre? -dije yo.
Es más largo -dijo- de contar, pero, con todo, te lo
diré. Cuando nació Afrodita, los dioses celebraron
un banquete y, entre otros, estaba también Poros,
el hijo de Metis. Después que terminaron de comer,
vino a mendigar Penía, como era de esperar
en una ocasión festiva, y estaba cerca de la puerta.
Mientras, Poros, embriagado de néctar –pues aún
no había vino-, entró en el jardín de Zeus y, entorpecido
por la embriaguez, se durmió. Entonces
Penía, maquinando, impulsada por su carencia de
recursos, hacerse un hijo de Poros, se acuesta a su
lado y concibió a Eros. Por esta razón, precisamente,
es Eros también acompañante y escudero
de Afrodita, al ser engendrado en la fiesta del nacimiento
de la diosa y al ser, a la vez, por naturaleza
un amante de lo bello, dado que también Afrodita
es bella. Siendo hijo, pues, de Poros y Penía,
Eros se ha quedado con las siguientes características.
En primer lugar, es siempre pobre, y lejos de
ser delicado y bello, como cree la mayoría, es, más
bien, duro y seco, descalzo y sin casa, duerme
siempre en el suelo y descubierto, se acuesta a la
intemperie en las puertas y al borde de los caminos,
compañero siempre inseparable de la indigencia
por tener la naturaleza de su madre. Pero, por
otra parte, de acuerdo con la naturaleza de su padre,
está al acecho de lo bello y de lo bueno; es
valiente, audaz y activo, hábil cazador, siempre
urdiendo alguna trama, ávido de sabiduría y rico
en recursos, un amante del conocimiento a lo largo
de toda su vida, un formidable mago, hechicero y
sofista. No es por naturaleza ni inmortal ni mortal,
sino que en el mismo día unas veces florece y vive,
cuando está en la abundancia, y otras muere,
pero recobra e la vida de nuevo gracias a la naturaleza
de su padre. Mas lo que consigue siempre se
le escapa, de suerte que Eros nunca ni está falto de
recursos ni es rico, y está, además, en el medio de
la sabiduría y la ignorancia. Pues la cosa es como
sigue: ninguno de los dioses ama la sabiduría ni
desea ser sabio, porque ya lo es, como tampoco
ama la sabiduría cualquier otro que sea sabio. Por
otro lado, los ignorantes ni aman la sabiduría ni
desean hacerse sabios, pues en esto precisamente
es la ignorancia una cosa molesta: en que quien no
es ni bello, ni bueno, ni inteligente se crea a sí
mismo que lo es suficientemente. Así, pues, el que
no cree estar necesitado no desea tampoco lo que
no cree necesitar.
-¿Quiénes son, Diotima, entonces -dije yo- los que
aman la sabiduría, si no son ni los sabios ni los
ignorantes?
-Hasta para un niño es ya evidente -dijo- que son
los que están en medio de estos dos, entre los cuales
estará también Eros 6. La sabiduría, en efecto,
es una de las cosas más bellas y Eros es amor de lo
bello, de modo que Eros es necesariamente amante
de la sabiduría, y por ser amante de la sabiduría
está, por tanto, en medio del sabio y del ignorante.
Y la causa de esto es también su nacimiento, ya
que es hijo de un padre sabio y rico en recursos y
de una madre no sabia e indigente. Ésta es, pues,
querido Sócrates, la naturaleza de este demon.
Pero, en cuanto a lo que tú pensaste que era Eros,
no hay nada sorprendente en ello. Tú creíste,
según me parece deducirlo de lo e que dices, que
Eros era lo amado y no lo que ama. Por esta razón,
me imagino, te parecía Eros totalmente bello, pues
lo que es susceptible de ser amado es también lo
verdaderamente bello, delicado, perfecto y digno
de ser tenido por dichoso, mientras que lo que ama
tiene un carácter diferente, tal como yo lo describí
Fue un filósofo griego, alumno de
Sócrates y maestro de Aristóteles
-¿Qué puede ser, entonces, Eros? -dije yo-.
¿Un mortal?
-En absoluto.
-¿Pues qué entonces?
-Como en los ejemplos anteriores -dijo-, algo intermedio
entre lo mortal y lo inmortal.
-¿Y qué es ello, Diotima?
-Un gran demon, Sócrates. Pues también todo lo
demónico está entre la divinidad y lo mortal.
-¿Y qué poder tiene? -dije yo.
- Interpreta y comunica a los dioses las cosas de
los hombres y a los hombres las de los dioses,
súplicas y sacrificios de los unos y de los otros
órdenes y recompensas por los sacrificios. Al estar
en medio de unos y otros llena el espacio entre
ambos, de suerte que el todo queda unido consigo
mismo como un continuo 2. A través de él funciona
toda la adivinación y el arte de los sacerdotes
relativa tanto a los sacrificios como a los ritos,
ensalmos, toda clase de mántica y la magia. La
divinidad no tiene contacto con el hombre, sino
que es a través de este demon como se produce
todo contacto y diálogo entre dioses y hombres,
tanto como si están despiertos como si están durmiendo.
Y así, el que es sabio en tales materias es un hombre
demónico, mientras que el que lo es en cualquier
otra cosa, ya sea en las artes o en los trabajos
manuales, es un simple artesano. Estos démones,
en efecto, son numerosos y de todas clases, y uno
de ellos es también Eros.
-¿Y quién es su padre y su madre? -dije yo.
Es más largo -dijo- de contar, pero, con todo, te lo
diré. Cuando nació Afrodita, los dioses celebraron
un banquete y, entre otros, estaba también Poros,
el hijo de Metis. Después que terminaron de comer,
vino a mendigar Penía, como era de esperar
en una ocasión festiva, y estaba cerca de la puerta.
Mientras, Poros, embriagado de néctar –pues aún
no había vino-, entró en el jardín de Zeus y, entorpecido
por la embriaguez, se durmió. Entonces
Penía, maquinando, impulsada por su carencia de
recursos, hacerse un hijo de Poros, se acuesta a su
lado y concibió a Eros. Por esta razón, precisamente,
es Eros también acompañante y escudero
de Afrodita, al ser engendrado en la fiesta del nacimiento
de la diosa y al ser, a la vez, por naturaleza
un amante de lo bello, dado que también Afrodita
es bella. Siendo hijo, pues, de Poros y Penía,
Eros se ha quedado con las siguientes características.
En primer lugar, es siempre pobre, y lejos de
ser delicado y bello, como cree la mayoría, es, más
bien, duro y seco, descalzo y sin casa, duerme
siempre en el suelo y descubierto, se acuesta a la
intemperie en las puertas y al borde de los caminos,
compañero siempre inseparable de la indigencia
por tener la naturaleza de su madre. Pero, por
otra parte, de acuerdo con la naturaleza de su padre,
está al acecho de lo bello y de lo bueno; es
valiente, audaz y activo, hábil cazador, siempre
urdiendo alguna trama, ávido de sabiduría y rico
en recursos, un amante del conocimiento a lo largo
de toda su vida, un formidable mago, hechicero y
sofista. No es por naturaleza ni inmortal ni mortal,
sino que en el mismo día unas veces florece y vive,
cuando está en la abundancia, y otras muere,
pero recobra e la vida de nuevo gracias a la naturaleza
de su padre. Mas lo que consigue siempre se
le escapa, de suerte que Eros nunca ni está falto de
recursos ni es rico, y está, además, en el medio de
la sabiduría y la ignorancia. Pues la cosa es como
sigue: ninguno de los dioses ama la sabiduría ni
desea ser sabio, porque ya lo es, como tampoco
ama la sabiduría cualquier otro que sea sabio. Por
otro lado, los ignorantes ni aman la sabiduría ni
desean hacerse sabios, pues en esto precisamente
es la ignorancia una cosa molesta: en que quien no
es ni bello, ni bueno, ni inteligente se crea a sí
mismo que lo es suficientemente. Así, pues, el que
no cree estar necesitado no desea tampoco lo que
no cree necesitar.
-¿Quiénes son, Diotima, entonces -dije yo- los que
aman la sabiduría, si no son ni los sabios ni los
ignorantes?
-Hasta para un niño es ya evidente -dijo- que son
los que están en medio de estos dos, entre los cuales
estará también Eros 6. La sabiduría, en efecto,
es una de las cosas más bellas y Eros es amor de lo
bello, de modo que Eros es necesariamente amante
de la sabiduría, y por ser amante de la sabiduría
está, por tanto, en medio del sabio y del ignorante.
Y la causa de esto es también su nacimiento, ya
que es hijo de un padre sabio y rico en recursos y
de una madre no sabia e indigente. Ésta es, pues,
querido Sócrates, la naturaleza de este demon.
Pero, en cuanto a lo que tú pensaste que era Eros,
no hay nada sorprendente en ello. Tú creíste,
según me parece deducirlo de lo e que dices, que
Eros era lo amado y no lo que ama. Por esta razón,
me imagino, te parecía Eros totalmente bello, pues
lo que es susceptible de ser amado es también lo
verdaderamente bello, delicado, perfecto y digno
de ser tenido por dichoso, mientras que lo que ama
tiene un carácter diferente, tal como yo lo describí
Inconsciente colectivo
Charlie García (1951)
Es uno de los más reconocidos
intérpretes, compositores y productores
argentinos de rock. Fue integrante
de Sui Géneris.
Nace una flor,
todos los días sale el sol,
de vez en cuando escuchás aquella voz
como de pan gustosa de cantar
en los aleros de la mente con las chicharras.
Pero a la vez existe un transformador
que te consume lo mejor que tenés,
2
te tira atrás, te pide más y más,
y llega un punto en que no querés.
Mama la libertad, siempre la llevarás
dentro del corazón.
Te pueden corromper,
te puedes olvidar
pero ella siempre está.
Ayer soñé
con los hambrientos, los locos,
los que se fueron, los que están en prisión.
Hoy desperté cantando esta canción
que ya fue escrita hace tiempo atrás
y es necesario cantar de nuevo una vez más.
Es uno de los más reconocidos
intérpretes, compositores y productores
argentinos de rock. Fue integrante
de Sui Géneris.
Nace una flor,
todos los días sale el sol,
de vez en cuando escuchás aquella voz
como de pan gustosa de cantar
en los aleros de la mente con las chicharras.
Pero a la vez existe un transformador
que te consume lo mejor que tenés,
2
te tira atrás, te pide más y más,
y llega un punto en que no querés.
Mama la libertad, siempre la llevarás
dentro del corazón.
Te pueden corromper,
te puedes olvidar
pero ella siempre está.
Ayer soñé
con los hambrientos, los locos,
los que se fueron, los que están en prisión.
Hoy desperté cantando esta canción
que ya fue escrita hace tiempo atrás
y es necesario cantar de nuevo una vez más.
La Vía Láctea
Alfonsina Storni (1892-1938),
Poetisa y escritora argentina del Posmodernismo
Blanco polen de mundos, dulce leche de cielo
¡Quién fuera un gigante mariposa divina
Para hundir la cabeza en aquella tu harina
Impalpable y libarte como a cosa del suelo!
Ya de nuevo en los ojos quema la primavera,
Mas mi pasión humana yace, roto el peciolo,
Y agotada mi alma está el mundo tan solo
Que camino y retumban mis pasos en la esfera.
Y en la noches nevadas, cuando a pesar de quietos
Siento moverse arriba los blancos esqueletos
De las estrellas muertas, me acomete un
Deseo de los cielos, y no sé qué ofreciera
Porque sobre mi frente miserable cayera
Una gota tan sola de la leche de Juno.
*El peciolo o pecíolo es el rabillo que une la lámina de una
hoja a su base foliar o al tallo. Falta en las hojas sésiles.
** Según la mitología griega, en la historia de Hércules,
Júpiter su padre, aprovechaba que su esposa, Juno, dormía
para amamantar el hijo que había tenido con Alcmena. Al
despertarse un día, Juno contempló sorprendida al pequeño y
lo retiró bruscamente, produciéndose el derramamiento de la
divina leche en la bóveda celeste, provocando el origen de la
Vía Láctea.
Poetisa y escritora argentina del Posmodernismo
Blanco polen de mundos, dulce leche de cielo
¡Quién fuera un gigante mariposa divina
Para hundir la cabeza en aquella tu harina
Impalpable y libarte como a cosa del suelo!
Ya de nuevo en los ojos quema la primavera,
Mas mi pasión humana yace, roto el peciolo,
Y agotada mi alma está el mundo tan solo
Que camino y retumban mis pasos en la esfera.
Y en la noches nevadas, cuando a pesar de quietos
Siento moverse arriba los blancos esqueletos
De las estrellas muertas, me acomete un
Deseo de los cielos, y no sé qué ofreciera
Porque sobre mi frente miserable cayera
Una gota tan sola de la leche de Juno.
*El peciolo o pecíolo es el rabillo que une la lámina de una
hoja a su base foliar o al tallo. Falta en las hojas sésiles.
** Según la mitología griega, en la historia de Hércules,
Júpiter su padre, aprovechaba que su esposa, Juno, dormía
para amamantar el hijo que había tenido con Alcmena. Al
despertarse un día, Juno contempló sorprendida al pequeño y
lo retiró bruscamente, produciéndose el derramamiento de la
divina leche en la bóveda celeste, provocando el origen de la
Vía Láctea.
El guardián del hielo
José Watanabe (1945 - 2007)
Poeta peruano. Considerado una de las
voces más importantes de los poetas
peruanos del 70
Y coincidimos en el terral
el heladero con su carretilla averiada
y yo
que corría tras los pájaros huidos del fuego
de la zafra.
También coincidió el sol.
En esa situación cómo negarse a un favor llano:
el heladero me pidió cuidar su efímero hielo.
Oh cuidar lo fugaz bajo el sol...
El hielo empezó a derretirse
bajo mi sombra, tan desesperada
como inútil.
Diluyéndose
dibujaba seres esbeltos y primordiales
que sólo un instante tenían firmeza
de cristal de cuarzo
y enseguida eran formas puras
como de montaña o planeta
que se devasta.
No se puede amar lo que tan rápido fuga.
Ama rápido, me dijo el sol.
Y así aprendí, en su ardiente y
Poeta peruano. Considerado una de las
voces más importantes de los poetas
peruanos del 70
Y coincidimos en el terral
el heladero con su carretilla averiada
y yo
que corría tras los pájaros huidos del fuego
de la zafra.
También coincidió el sol.
En esa situación cómo negarse a un favor llano:
el heladero me pidió cuidar su efímero hielo.
Oh cuidar lo fugaz bajo el sol...
El hielo empezó a derretirse
bajo mi sombra, tan desesperada
como inútil.
Diluyéndose
dibujaba seres esbeltos y primordiales
que sólo un instante tenían firmeza
de cristal de cuarzo
y enseguida eran formas puras
como de montaña o planeta
que se devasta.
No se puede amar lo que tan rápido fuga.
Ama rápido, me dijo el sol.
Y así aprendí, en su ardiente y
domingo, 11 de abril de 2010
El análisis de los usos lingüísticos en la interpretación de un discurso
Claudia Maldonado Cáceres
¿Cuál es la función más importante del lenguaje? ¿Qué quiere decir comunicar? ¿De qué depende que realmente comuniquemos nuestras ideas? ¿Es fácil que esto ocurra? Dado que, como seres humanos, somos parlantes por naturaleza y usamos el lenguaje casi sin darnos cuenta, se nos hace un hábito comunicarnos a través de una lengua y damos por fácil un proceso que, en realidad, por su complejidad, es digno de admiración y de estudio. Asumimos que la comunicación de nuestras ideas es sencilla y, dado que comprobamos la efectividad de nuestro uso del idioma cotidianamente, es poco probable que, sin una motivación externa, nos pongamos a pensar en los procesos que hacen de nosotros los seres que privilegiamos, por encima de todo, la forma de comunicación lingüística en nuestras vidas.
Partamos de una idea conocida por la mayoría y aceptada como tal. Comunicar(se) es transmitir ideas, sentimientos, experiencias. En la comunicación lingüística, una persona genera un mensaje en un idioma determinado, que conoce y usa con naturalidad, y otra persona lo capta y comprende. Esta descripción ha sido esquematizada así:
Emisor mensaje Receptor
También, para complejizar un poco, se ha dicho que el emisor “codifica” un mensaje en un determinado “código” (su lengua), el mismo que debe ser compartido por el receptor, quien “decodificará” el mensaje a partir del conocimiento que tiene de las reglas del idioma en que le hablan. A partir de allí, se ha propuesto e impuesto la idea general de que
Comunicar = codificación + decodificación
(a cargo del emisor) (a cargo del receptor)
Por lo tanto, para comunicar, bastaría con que emisor y receptor sean hábiles en el uso de su idioma, es decir, que sepan cuáles son sus reglas, para que se produzca la comunicación.
Una idea también conocida y aceptada es que un idioma es un sistema: un conjunto de elementos finitos más sus reglas de funcionamiento. Al combinar dichos elementos (sonidos, palabras, frases, oraciones) según lo indican las reglas de la lengua, seremos capaces de producir infinitos mensajes en función de nuestra necesidad. A partir de ello, nuevamente, se deduce que para comunicar hay que tener un saber lingüístico, es decir, un conocimiento de las reglas del idioma que usamos, para garantizar la codificación de infinitos mensajes que otro usuario del mismo código o lengua deberá ser capaz, a su vez, de decodificar.
Sin embargo, hace tiempo ya que la ecuación 1, según la cual el hecho de comunicar es igual a codificación + decodificación, ha sido revisada y puesta en cuestión. Se sostiene ahora que, para que realmente se produzca la cabal comprensión de un mensaje, son necesarios, además de los conocimientos sobre el código, es decir, los saberes lingüísticos o de reglas de idioma para codificar y decodificar, un saber o conocimiento sobre el mundo, que les permita no solamente lo primero, sino, además y fundamentalmente, interpretar.
Ahora, la ecuación es la siguiente:
Comunicar = (de)codificación + interpretación
(tiene que ver con (tiene que ver con un saber sobre
un saber lingüístico) mundo, tanto del emisor como del
receptor)
¿Qué quiere decir “saber sobre el mundo”? Para explicarlo, analicemos el siguiente caso: un tímido joven universitario toma valor y decide invitar a la compañera de clases que le gusta a tomar algo en la cafetería. Se produce el diálogo siguiente:
Juan : Marcela, ¿vamos un rato a la cafetería?
Marcela: Esteee… Creo que tengo clase de Lenguaje… En verdad, tengo
clase…
¿Qué interpreta usted, lector, al leer este diálogo? ¿Realmente tiene Marcela una clase a esa hora? La interpretación de que sí la tiene, tanto como la de que no, dependen, en este y todos los casos, de conocimientos que los hablantes poseen y que van más allá de sus saberes relativos al sistema (elementos más reglas) del idioma. Si conocemos un poco el contexto y podemos afirmar que el enamorado de Marcela es muy celoso y, además, en el horario de ella figuran dos horas libres en ese momento, tenemos datos para una determinada interpretación. Si sabemos que a ella le disgusta Juan, tenemos datos para otra. Y así, las posibilidades de interpretar hacen cada vez más complejo un mensaje que lingüísticamente parecía sencillo. Pensemos además en detalles como el tono de la voz con el que habla Marcela, su mirada esquiva al decir que tenía clases, y nos adentraremos más todavía en el hecho de que la comunicación, si realmente se pretende con ella la cabal comprensión de los mensajes, es un tema con muchas más variables que la simple codificación y decodificación.
Un elemento más al respecto es aquel que tiene que ver con la cultura de los hablantes, entendiéndose esta como el conjunto de ideas, valores, prejuicios, experiencias sociales, etc. que cada individuo posee a partir de su propia vivencia. ¿Qué entiende usted en el diálogo siguiente?
A : ¿Conoces al nuevo candidato del partido X?
B : ¡Y cómo no, si es una tremenda rata que sale en los noticieros
siempre!
Usted, como lector peruano, entenderá que el susodicho político es un personaje controvertido, cuya aparición en los medios tiene que ver con su mala conducta. Asociará de inmediato la alusión al roedor con una idea que es culturalmente compartida (lamentablemente) en nuestro medio, que sostiene que los políticos son deshonestos, corruptos, unas “ratas”. ¿Comprendería exactamente lo mismo cualquier hablante? ¿No necesitará, además del significado de las palabras, un conocimiento más bien del contexto, de los usos propios de los hablantes de un determinado grupo social? Porque, piense solamente si, en lugar del roedor, B hubiera respondido que el candidato es un tigre.
Quiere decir entonces que, cuando nos comunicamos, cuando escogemos las palabras y las estructuras con la intención de crear un mensaje, estamos recurriendo, claramente, a nuestro conocimiento del español como sistema, del cual empleamos elementos y reglas, pero, además, hacemos uso de contenidos, de connotaciones y de giros que son comprensibles solamente si (a) conocemos el contexto en que se dicen las cosas y (b) entendemos supuestos culturales compartidos tanto por el emisor como por el receptor. Y este conocimiento o saber sobre el mundo es tan o más fundamental que el saber lingüístico cuando de comunicar se trata.
Pasemos a una tercera cuestión que complejiza más aún el tema de la comunicación a través del lenguaje. Se trata del hecho siguiente: los hablantes no usamos el sistema de la misma manera cuando nos lanzamos a codificar o construir nuestros mensajes. Al plantear la noción de “norma” , se ha dicho que, en el uso del idioma, es totalmente común que se produzcan diferencias. No construye igual sus oraciones castellanas un madrileño frente a un limeño, o este frente a un ciudadano de La Paz, Bolivia. Los usos “normales” para cada grupo de hablantes pueden ser totalmente novedosos y hasta extraños para otros que, sin embargo, emplean el mismo sistema lingüístico o lengua. El hecho de que todos los hispanoamericanos nos entendamos obedece a que, dentro de lo permitido por el sistema, podemos hacer uso de nuestra creatividad. Y los factores que determinan esa variación tienen que ver tanto con nuestra edad como con nuestra procedencia geográfica y social. Incluso puede verse que influyen hechos como ser hombre o mujer (aunque hoy, probablemente, hay más semejanzas que diferencias entre las formas de expresarse, por ejemplo, de los y las jóvenes en la universidad). La pertenencia a un grupo cualquiera, como una “barra brava” o un grupo de surfers también puede influir y, de hecho, influye.
Quiere decir entonces que, cuando usamos el idioma, ponemos en juego nuestro conocimiento de sus reglas, a la par que hacemos aparecer en nuestro discurso características sociales y culturales que nos son propias como hablantes. No se expresa igual un hincha de fútbol bonaerense frente a un par mexicano, o una profesora de Lenguaje de la UPC ante sus alumnos, que usa una manera de hablar diferente a la del boletero de un vehículo de transporte público cuando llama pasajeros. Tampoco usará el idioma por igual un estudiante de primer ciclo si se comunica por chat con sus amigos o si lo hace a través de un correo electrónico dirigido a su Decano para hacer un reclamo. En los casos descritos, entran en juego cuestiones como la intención comunicativa y la situación comunicativa.
El primer concepto, intención comunicativa, tiene que ver con lo que se pretende al comunicar: no será lo mismo pedir datos sobre la salida al cine que se organiza con los amigos vía Messenger que escribir un correo electrónico o una carta para reclamar ante una autoridad; tampoco pretende lo mismo, comunicativamente hablando, el alumno que suplica poder entregar un trabajo a destiempo que el que se queja por una calificación injusta. La intención comunicativa refiere, entonces, a lo que se tiene como objetivo comunicativo.
Cuando nos referimos a la situación comunicativa, aludimos más bien a todos los elementos contextuales de un evento comunicativo. Nos interesa cómo, en función de esos elementos, adaptamos nuestro uso del lenguaje. La misma persona se expresa de modo distinto en una entrevista de trabajo y en un contexto amical o familiar. Su uso del idioma se hará formal o informal según sea el caso. Ahora bien, todo lo antes dicho tiene que ver con la(s) manera(s) en que el emisor emplea los elementos y reglas del sistema para construir o codificar sus mensajes (saber lingüístico). Sabemos que pone en juego, además, su conocimiento del mundo. Adecuará entonces sus mensajes según su intención y a cada situación.
¿De qué modos repercuten estas variaciones y adaptaciones que realiza el emisor en el receptor? Dado que este no solo decodificará, sino que, sobre todo, interpretará, ¿cuánto le interesan o afectan dichas variaciones en el uso lingüístico? A continuación, veremos qué tanta importancia tienen para él. A través de los usos del idioma, es posible reconocer, identificar y entender mejor a quien se comunica con nosotros. El modo en que emplea el idioma nuestro interlocutor nos da, en su pura forma, información precisa sobre el emisor. Reconocemos a los demás hispanohablantes por su acento (características fonológicas de su mensaje). Nos vemos en problemas cuando, en el nivel de la estructura de las palabras, un hablante hace un uso no “normal” o fuera de “la norma”.
¿Todos los hablantes captan por igual un titular que anuncia “Jerma mata a gil por celos”? La palabra “mujer” ha sido alterada en su estructura o morfología. ¿En qué tipo de diario encontramos estos usos del idioma? ¿Reconocemos la procedencia de un hablante si produce un enunciado como “De la ciudad su clima es muy variable.”? En este último caso, la sintaxis oracional (ordenamiento de las palabras) parece corresponder a la forma de hablar propia de la selva del Perú. Solo con escuchar a esta persona hablar, podemos identificar su lugar de origen y, a su vez, este dato, nos ayudará a interpretar mejor lo que nos diga.
¿Son estos datos valiosos desde el punto de vista del receptor? ¿Cuánto contribuyen a su interpretación? ¿Pueden, más bien, constituir un obstáculo estas variaciones? Es necesario decir aquí que pueden ocurrir y de hecho ocurren ambas situaciones: la variación en el uso del idioma puede generar tanto puntos de encuentro como de incomprensión. Un hablante será más eficaz si domina una paleta más amplia, más variada de usos lingüísticos. Y eso incluye comprender cómo varía el idioma según las regiones, según las edades, según la procedencia social, según las situaciones y las intenciones comunicativas.
Los hablantes emplean usos variados de manera tanto consciente como inconsciente. El empleo de una determinada variedad puede hacerse con una intención expresa (hablamos o escribimos de determinada manera para lograr un determinado objetivo al identificarnos con el receptor o para, por el contrario, diferenciarnos), o puede obedecer a nuestros hábitos inconscientes y a la internalización de la norma de nuestro grupo.
A continuación, como ejemplo de un uso particular del castellano y de cómo este es empleado de manera efectiva para un determinado fin, procederemos a analizar un corpus o conjunto de datos que nos permitirán ilustrar mucho de lo planteado en estas líneas. Se trata del análisis de las cartas que los lectores de la revista peruana DEDOMEDIO hacen llegar a la redacción, así como de las respuestas que los jóvenes escritores y periodistas dan a estas comunicaciones.
Propuesta de análisis
Para entender cabalmente cualquier mensaje, debemos, en primera instancia, identificar a quien lo enuncia y a quien lo recibe. Saberlo permite captar la intención comunicativa que ha impulsado a los hablantes, además de situar los enunciados contextualmente. Una vez aclarado todo ello, el análisis podrá concentrarse en las formas empleadas para darle cuerpo o materialidad, a través del lenguaje, a lo que se desea comunicar. La forma es importante porque depende de ella qué tanto logremos adecuar un enunciado para que exprese cabalmente lo que queremos. Y la forma depende de nuestra creatividad lingüística. Por ello, el modo en que usamos y organizamos la materia prima (reglas y elementos del sistema) es fundamental.
Analizaremos, entonces, enunciados construidos en español de acuerdo con sus reglas básicas y veremos el modo en que, en el libre juego de la comunicación, las posibilidades del sistema son exploradas y actualizadas por los hablantes en su afán por comunicar.
Trabajaremos con los intercambios verbales que se producen cuando los lectores de la revista Dedomedio, publicación periódica peruana, envían sus cartas a la redacción de la misma. Estas son presentadas en una sección consagrada especialmente al diálogo entre la revista y quienes la consumen.
Dedomedio, como nombre, ya nos plantea un primer nivel de análisis. Está escrito como una sola palabra, una unión de dos morfemas (palabras o partes de palabras) para crear otro nuevo. Inmediatamente, la expresión nos remite a un gesto que se hace con ese dedo en específico, en un movimiento que insulta a quien observa la mano levantada. Este primer dato será pertinente cuando descubramos quiénes lo ejecutan y lo que simbólicamente querría decir. Para ello, habrá que identificar la intención comunicativa de los enunciados y la identidad de sus emisores y receptores.
Partamos de la presentación que los primeros hacen de sí mismos. Lo que sigue ha sido tomado de la página oficial de la mencionada revista en la red.
El primer número de la revista salió a la venta en agosto del año 2007, previo lanzamiento en la Feria del Libro. El director, los redactores y redactoras, los diseñadores, productoras, fotógrafos y miembros en general de este nuevo equipo debutaron con un manifiesto que tenía esta consigna: “¡Estamos cansados!”. Y, por cansancio ante la pobreza y poca originalidad de las publicaciones locales, ante la mala televisión, ante los críticos de cine y las secciones sociales de los medios, ante la prensa en general, empezaron a escribir la revista. Son jóvenes y no tan jóvenes (parecen haber sido adolescentes en los ochenta) y, por lo que se ve, son peruanos. La revista sale en Lima, pero a la fecha ya se difunde en varias provincias del país.
Los lectores encuentran, en la publicación, artículos sobre cuestiones políticas nacionales e internacionales, entrevistas a artistas peruanos y extranjeros, muchas referencias a música y a cine, cultura popular masmediática, cultura global, cultura peruana, comida peruana, cómic, sexo, libros, muchas imágenes, imágenes y más imágenes, y mucho humor, que comparte espacios con análisis profundos y artículos serios, bien fundamentados, sobre temas polémicos de interés nacional y global. Junto a contenidos propiamente nacionales, aparecen referencias culturales muy diversas, mas abundan temas relativos al mundo cultural y lingüístico anglosajón. ¿A quién puede gustarle esto? Al parecer, a los jóvenes y también a algunos de sus padres, a universitarios en general, pero a los
de clase media y hacia arriba en particular. A los limeños, por supuesto, y a gente de otros lugares del Perú que comparte una o más características de las antes señaladas. A gente conectada a Internet. A un público esencialmente urbano. El sustento de estas afirmaciones se presentará enseguida.
Con estas apreciaciones, podríamos pasar a analizar la o las intenciones comunicativas que han impulsado a los autores a escribir. Parece que lo hacen con placer, porque tienen algo que contar y han detectado a quienes los quieren leer. Afirmamos esto por la fuerte presencia del “yo” de quien escribe a lo largo de toda la revista. Todo lo que se dice es presentado como una toma de postura personal ante el tema. Es una revista de entretenimiento y cultura vendida con, al parecer, cada vez más éxito y constituye un producto interesante. Se escribe, pues, con la intención de que la compren y de que la gente se divierta al leerla, pero también porque a los articulistas les interesa decir lo que tienen que decir.
La revista pareciera, además, estar escrita con la intención de generar una corriente de identificación con los destinatarios; hay una búsqueda de empatía con el público manifiesta en el tono personal de los artículos: lo que se narra puede ser parte de la experiencia tanto de lectores como de redactores por igual. La voluntad de dialogar se manifiesta en las cartas y en las respuestas a estas, así como en la abierta invitación a las colaboraciones de cualquiera (por supuesto, previa evaluación). De hecho, la revista ya ha publicado artículos que han sido escritos por quienes la leen.
Para comprender la relación que hay entre la revista y su público, ese afán de diálogo e identificación que mencionamos, analicemos cómo se usa el lenguaje, cuál es la forma que este asume y cuáles son sus características.
Cartas de los lectores y respuestas a las mismas
Les escribo por dos motivos: el primero (en son de patería) para felicitarlos por la revista. Me parece fuera de lo común, única, con un lenguaje fácil de digerir, ¡elegante, pe’ varón! Les soy sincero, he comprado tan solo dos ediciones y las demás me las han regalado en distintos lugares (calle, trabajo, universidad). El segundo es para compartir con ustedes un texto que escribí hace poco. Un amigo me metió la idea (estúpida, creo) de mandarles el texto. No espero su respuesta, ni mucho menos que lo lean.
Luis Eduardo Torres Pacheco
resident-lutor@hormail.com
¿Te las regalaron? ¿Quicusa? Ahora pasaremos a leer tu texto y a confirmarte si efectivamente tu amigo tuvo una idea estúpida o no.
¡Hablen, pes’ meñiques!! Jajaja… Oe’ en serio, su revista está de la pe-eme. La primera edición que leí fue la de “Todos tenemos nuestro hijo de puta”, y como podrán imaginarse, después de eso me volví adicto. Su revista es peor que la droga y el alcohol juntos (y más rica también, jajaja). En serio, los felicito por el gran trabajo que hacen. Sigan así que me hacen cagar de risa, en especial con esos chistes gráficos. Aprovecho para hacerles una pequeña crítica: falta un crucigrama y un sudoku… jaja.
José Ruesta
Ruesta_89@hotmail.com
JUAT??? Falta que aprendas a respetar, carajo, ¿qué es eso de meñiques? Acá tenemos meñiques, anulares y pulgares, y en algunos casos hemos tenido que desenfundar dos índices en un movimiento paralelo que dice “esta pa’ ti”. Bueno, ya pues, aceptamos tus felicitaciones aunque los demás dedos se resientan. Ya le mandamos tus saludos a Nicholas Gurewitch, el autor de esas viñetas que cada mes nos hacen defecar de la risa…
El día que se publicó el número con portada de Kiss, vi su revista y pensé “qué bacán, ya salió”, pero estaba misio y pospuse su compra. Cuando salí a buscarla, increíblemente ya no la tenían en ningún lado. Fui de avenida en avenida y no había, me desesperé al punto que me cambió el humor. Después de recorrer cinco esquinas, pensé “bacán, ahí si la encuentro” y me fui corriendo a esas tiendas inmensas de color amarillo que invaden todo el cono norte. Dicho y hecho, entré a la tienda y la encontré. Estaba solita, era la única, la abracé, la desnudé, pasé mis manos por sus hojas y sentí su olor. Al momento de ir a pagar, me faltaba la plata y pensé “puta, no puedo ser tan piña, carajo”, así que entré en una encrucijada: salir de la tienda con la revista escondida en alguna parte o salir sin nada. Créanme, señores, no podía dejar de maldecir, así que pensé “tas ‘on, mhttp://www.blogger.com/img/blank.gife la llevo, si me pescan me tiro al suelo y me hago el epiléptico”. Pero como Diosito es grande, en la cola del cajero me encontré con un amigo y le metí floro para que me preste dos soles. Salí con mi Dedomedio, más misio y endeudado, pero feliz.
Dan Josué Blas Olivares
Dedofan
daresdar@gmail.com
Si entendemos bien, primero te bolsiquearon, luego tú quisiste bolsiquear a la tienda, pero finalmente terminaste cabeceando a un amigo. No hay duda de que Dedomedio es una mala influencia.
Hola, ¡Me parece bravaza la idea de que se celebre el Día del Disco, de las tiendas que venden discos! ¿Me pueden explicar el tema? ¡Larga vida al rock y a los demás géneros! Un abrazo.
Renzo Airaldi Tejada
renzo77u@hotmail.com
El tema es juntar a los interesados y crear un grupo más o menos sólido para luego organizar una feria en la cual se compren, vendan e intercambien discos, toquen grupos, y se generen alianzas entre la gente que disfruta la música y respeta a los músicos. Ya somos cinco conmigo. ¿Dónde está el resto? ¡Larga vida al rock, el pasodoble y el candomblé!
Hablen, jugadorazos. Antes que nada, buenas tardes. Agradezco la oportunidad que me dan de expresar cualquier huevada que me salga del forro. Habiendo dejado eso claro, quiero chismearles que un huevón escribió un comentario en “El útero de Marita” (a propósito de un cherry que les hizo por enésima vez). Bueno, este sujeto dijo que si ustedes hubiesen publicado esa carátula en EE.UU., todos los números habrían sido confiscados y les habrían prohibido la distribución. ¿Por qué?, se preguntarán ustedes. Pues al parecer el pata la encontró racista. ¿Alguien podría por favor explicarme en qué demonios estaba pensando ese tío?
Jorge Castro
Jorgecastro32@gmail.com
Jorgito querido, no tenemos la menor idea, pero qué diablos, ¿no? Si nos preocupamos de cada comment que aparece por ahí, terminamos locazos.
Espero que el comienzo de año haya sido fabuloso para ustedes. Conmigo está siendo bastante bueno, la verdad no me puedo quejar, salvo un pequeño detalle. No me han llegado ni la edición pasada ni la actual. Por favor, solución, ¡¡¡no puedo estar sin leerlos!!!
Carlos De La Torre
carlosdlt@hotmail.com
Algo raro está pasando (¡señores de Wayra, desahuévense o desahueven a sus mensajeros, pues!), porque por lo menos cuatro lectores nos han informado que desde hace cuatro meses les están llegando dos ejemplares juntos. Y suscriptores uníos, avisen en guan.
Hola Dedos, les escribe una madre de familia agradecida. Gracias a ustedes, mi hijo, de 18 años, ha comenzado a leer. Bueno, es obvio que ustedes no son Oscar Wilde o Faulkner, pero al menos me alegra verlo leyendo algo, aunque sea la malcriada pero divertida revista que publican. Por otro lado, les aconsejo meterse un poco más en la denuncia local. Un abrazo y sigan mejorando.
Elizabeth Cabrejos
elicabrejos@yahoo.com
Querida Elizabeth, qué profundo placer leerte. Pero no sé si has visto con detenimiento el staff de esta revista. ¿Que no somos ni Wilde ni Faulkner? Bueno, no seremos ellos, pero sí estamos seguros de haber dejado un importante legado a la humanidad. ¿Más denuncia local? Lo intentaremos. Para empezar, que alguien detenga a uno de los cuidadores de autos de la Avenida Diagonal. Cobra más que el estacionamiento del óvalo Gutiérrez.
-------------------------------
Incluso sin ninguna información acerca de la revista o sus redactores y lectores, las posibles respuestas sobre su identidad empiezan a surgir a partir de la observación atenta del lenguaje empleado. La situación de comunicación por carta lleva naturalmente al uso de la primera y segunda personas verbales, lo cual es propio de contextos más bien informales. Aquí presentamos un ejemplo:
“[…] Créanme, señores, no podía dejar de maldecir, así que pensé ‘tas ‘on, me la llevo, si me pescan me tiro al suelo y me hago el epiléptico”. Pero como Diosito es grande, en la cola del cajero me encontré con un amigo y le metí floro para que me preste dos soles.”
Es evidente que formas de lenguaje como estas pertenecen a hablantes del sistema del castellano, pero enseguida vemos que son usuarios que emplean la variedad peruana del mismo. Si recordamos el concepto de norma , reconoceremos los usos antes citados como propios del castellano peruano en general y limeño en particular (ver el peruanísimo diminutivo en “Diosito es grande”, marca afectiva en el lenguaje que nos caracteriza y que provendría del sustrato quechua), además de reconocer un registro informal propio de la juventud. La evidencia inmediata nos permite identificar a los lectores de Dedomedio y a quienes escriben la revista como gente muy probablemente joven, de alrededor de 30 años, con algunos más o menos. La expresión “[Es]tás [huev]ón” es la manera usual de dirigirse a los amigos entre los jóvenes peruanos. La práctica verbal que consiste en eliminar las raíces de las palabras para conservar las terminaciones es también marca del uso lingüístico juvenil limeño.
A continuación, otros casos y ejemplos:
“[…] vi su revista y pensé “qué bacán, ya salió”, pero estaba misio y pospuse su compra”.
“Hola, ¡Me parece bravaza la idea de que se celebre el Día del Disco, de las tiendas que venden discos!”
Desde el punto de vista léxico, términos como “bacán” y “misio” forman parte de la jerga peruana. En el caso de “misio”, que alude a “pobre”, “sin dinero”, recurre a conservar la raíz de “misionero”. El término alude a los religiosos evangelizadores en zonas lejanas del país, en cuyo beneficio era y es costumbre recolectar dinero a través de campañas en las que los escolares piden la colaboración voluntaria de la gente por las calles.
En el término “bravaza”, se ejemplifica cómo el sufijo aumentativo [azo], su femenino [aza] o los plurales de ambos géneros han pasado a constituirse en una forma típica y frecuente en el habla juvenil de nuestro país. Véase, en las mismas cartas, los ejemplos “Hablen, jugadorazos” o “terminamos locazos”. Obsérvese la estricta sujeción a las normas de formación de palabras en castellano: masculinos, femeninos y plurales siguen las reglas del sistema.
El uso disfemista que, según muchos estudios, es característico del lenguaje juvenil, se manifiesta también aquí. Las expresiones “puta, no puedo ser tan piña, carajo”, y “Todos tenemos nuestro hijo ‘e puta” así lo demuestran. El estilo burlón y “malcriado” (deberíamos decir “faltoso”) que resulta de estos usos complace grandemente a los jóvenes y les es familiar, tal vez por su afán de remarcar su diferencia y rebeldía frente a la formalidad o “estiramiento” del lenguaje adulto, que se pretende “culto” y se muestra, por lo general, eufemista . Sin embargo, y en una muestra más de creatividad, el lenguaje en Dedomedio le hace un guiño a su lector adulto (o al joven de clase media y alta con educación universitaria) con formas más “correctas” como “su revista está de la pe-eme” o “esas viñetas que cada mes nos hacen defecar de risa”, que asumen un tono supuestamente serio para conseguir, justamente, el efecto cómico contrario. Lo mismo puede decirse de la siguiente línea, en la que la mención de dos danzas poco conocidas o anticuadas sirve para generar un efecto cómico particular, solo entendible para quienes conozcan esos términos poco comunes: “¡Larga vida al rock, el pasodoble y el candomblé! ”.
Otra característica del lenguaje juvenil es su tendencia a emplear, explícitamente, giros, palabras y estructuras propias de grupos marginados o marginales, en un afán contradictorio o “contracultural” que quiere afirmarse como transgresor ante la rigidez y corrección, una vez más, del lenguaje formal o adulto. Prueba de ello es el desenfado de locuciones como “Elegante, pe’ varón”, identificada como usual entre, por ejemplo, los vendedores ambulantes que abordan a los automovilistas para ofrecerles cualquier cosa: “Colabórame, varón”. Igualmente, el afán de desmarcarse de lo serio y propio de los padres (de los “viejos”) se hace notar en la forma en que se apela a los distribuidores de la revista: “¡Señores de Wayra, desahuévense o desahueven a sus mensajeros, pues!”. Los trata de usted (uso formal) y luego emplea uno de los términos favoritos de la jerga juvenil. Una vez más, el efecto divertido, transgresor, se hace posible gracias al respeto de la regla básica de orden morfológico: [des] es un prefijo, que se une a una raíz, [huev], a partir de la cual se han generado, en perfecto castellano, desahuevar, verbo de primera conjugación, tal como surgen huevear (verbo), ahuevado (adjetivo) y desahuevina (sustantivo), entre miles de variaciones creativas posibles.
Otro aspecto digno de atención surge con expresiones que provienen del inglés: “Si nos preocupamos de cada comment que aparece, terminamos locazos.” o “JUAT??? Falta que aprendas a respetar.” Es evidente que aquí se están empleando términos del inglés, lengua de prestigio y familiar para los jóvenes, no solo por haberla estudiado todos en algún momento, sino porque es la de mayor presencia en los medios de consumo masivo de música, películas, televisión y cine, formas culturales cercanas y propias de los jóvenes. Lo interesante es la adaptación de la fonología (sonidos) del inglés al sistema castellano en “JUAT???”, así como la fluidez con que se integra “comment” a la estructura castellana de la oración, igual que en la expresión “avisen en guan” (de inmediato). Finalmente, y para concluir con el tema de los otros idiomas en este discurso, no se puede dejar pasar el término “Quicusa?”, que parece ser un juego a partir de la pronunciación del castellano andino aplicada a la expresión típicamente limeña, de tono exclamativo, que indica en el hablante una reacción de asombro exagerado o de protesta: “¿Qué cosa?”. Ahora bien, el hecho de que se juegue con la pronunciación castellana andina ¿es acaso parte del desenfado juvenil? ¿Es burla? ¿Implica reconocimiento y aceptación de esa forma diferente de hablar? Llegados a este punto en el análisis, empezamos a adentrarnos en el tema de los contenidos culturales, valorativos e ideológicos presentes en un discurso. Detengámonos, pues esto último será materia de otro momento del análisis.
Con todo lo anterior, llegamos a algunas conclusiones: el público lector de esta revista es peruano, es joven, educado, y pertenece a sectores socioeconómicos medios y altos. Podemos descubrir eso solamente con la información que los usos del lenguaje nos proporcionan. Si la intención de los redactores es generar identificación con los lectores y divertirlos al hablarles en formas que reconocen, practican y valoran, ello se logra fundamentalmente a través del estilo, la elección y la combinación de usos lingüísticos de manera creativa. Es una muestra de cómo se conjugan los componentes de la competencia lingüística de los hablantes para generar mensajes creativos y que permiten transmitir lo que se desea comunicar de modo que exprese, también, las particularidades de un determinado grupo de usuarios.
¿Cuál es la repercusión de esta revista en la sociedad juvenil limeña y peruana? Sea cual sea la respuesta, es evidente que los efectos que puedan existir tendrán que ver con el modo en que se ha usado el lenguaje. Comprender eso es un primer paso fundamental para entender la importancia no solamente de lo que se dice sino del cómo se dice.
¿Cuál es la función más importante del lenguaje? ¿Qué quiere decir comunicar? ¿De qué depende que realmente comuniquemos nuestras ideas? ¿Es fácil que esto ocurra? Dado que, como seres humanos, somos parlantes por naturaleza y usamos el lenguaje casi sin darnos cuenta, se nos hace un hábito comunicarnos a través de una lengua y damos por fácil un proceso que, en realidad, por su complejidad, es digno de admiración y de estudio. Asumimos que la comunicación de nuestras ideas es sencilla y, dado que comprobamos la efectividad de nuestro uso del idioma cotidianamente, es poco probable que, sin una motivación externa, nos pongamos a pensar en los procesos que hacen de nosotros los seres que privilegiamos, por encima de todo, la forma de comunicación lingüística en nuestras vidas.
Partamos de una idea conocida por la mayoría y aceptada como tal. Comunicar(se) es transmitir ideas, sentimientos, experiencias. En la comunicación lingüística, una persona genera un mensaje en un idioma determinado, que conoce y usa con naturalidad, y otra persona lo capta y comprende. Esta descripción ha sido esquematizada así:
Emisor mensaje Receptor
También, para complejizar un poco, se ha dicho que el emisor “codifica” un mensaje en un determinado “código” (su lengua), el mismo que debe ser compartido por el receptor, quien “decodificará” el mensaje a partir del conocimiento que tiene de las reglas del idioma en que le hablan. A partir de allí, se ha propuesto e impuesto la idea general de que
Comunicar = codificación + decodificación
(a cargo del emisor) (a cargo del receptor)
Por lo tanto, para comunicar, bastaría con que emisor y receptor sean hábiles en el uso de su idioma, es decir, que sepan cuáles son sus reglas, para que se produzca la comunicación.
Una idea también conocida y aceptada es que un idioma es un sistema: un conjunto de elementos finitos más sus reglas de funcionamiento. Al combinar dichos elementos (sonidos, palabras, frases, oraciones) según lo indican las reglas de la lengua, seremos capaces de producir infinitos mensajes en función de nuestra necesidad. A partir de ello, nuevamente, se deduce que para comunicar hay que tener un saber lingüístico, es decir, un conocimiento de las reglas del idioma que usamos, para garantizar la codificación de infinitos mensajes que otro usuario del mismo código o lengua deberá ser capaz, a su vez, de decodificar.
Sin embargo, hace tiempo ya que la ecuación 1, según la cual el hecho de comunicar es igual a codificación + decodificación, ha sido revisada y puesta en cuestión. Se sostiene ahora que, para que realmente se produzca la cabal comprensión de un mensaje, son necesarios, además de los conocimientos sobre el código, es decir, los saberes lingüísticos o de reglas de idioma para codificar y decodificar, un saber o conocimiento sobre el mundo, que les permita no solamente lo primero, sino, además y fundamentalmente, interpretar.
Ahora, la ecuación es la siguiente:
Comunicar = (de)codificación + interpretación
(tiene que ver con (tiene que ver con un saber sobre
un saber lingüístico) mundo, tanto del emisor como del
receptor)
¿Qué quiere decir “saber sobre el mundo”? Para explicarlo, analicemos el siguiente caso: un tímido joven universitario toma valor y decide invitar a la compañera de clases que le gusta a tomar algo en la cafetería. Se produce el diálogo siguiente:
Juan : Marcela, ¿vamos un rato a la cafetería?
Marcela: Esteee… Creo que tengo clase de Lenguaje… En verdad, tengo
clase…
¿Qué interpreta usted, lector, al leer este diálogo? ¿Realmente tiene Marcela una clase a esa hora? La interpretación de que sí la tiene, tanto como la de que no, dependen, en este y todos los casos, de conocimientos que los hablantes poseen y que van más allá de sus saberes relativos al sistema (elementos más reglas) del idioma. Si conocemos un poco el contexto y podemos afirmar que el enamorado de Marcela es muy celoso y, además, en el horario de ella figuran dos horas libres en ese momento, tenemos datos para una determinada interpretación. Si sabemos que a ella le disgusta Juan, tenemos datos para otra. Y así, las posibilidades de interpretar hacen cada vez más complejo un mensaje que lingüísticamente parecía sencillo. Pensemos además en detalles como el tono de la voz con el que habla Marcela, su mirada esquiva al decir que tenía clases, y nos adentraremos más todavía en el hecho de que la comunicación, si realmente se pretende con ella la cabal comprensión de los mensajes, es un tema con muchas más variables que la simple codificación y decodificación.
Un elemento más al respecto es aquel que tiene que ver con la cultura de los hablantes, entendiéndose esta como el conjunto de ideas, valores, prejuicios, experiencias sociales, etc. que cada individuo posee a partir de su propia vivencia. ¿Qué entiende usted en el diálogo siguiente?
A : ¿Conoces al nuevo candidato del partido X?
B : ¡Y cómo no, si es una tremenda rata que sale en los noticieros
siempre!
Usted, como lector peruano, entenderá que el susodicho político es un personaje controvertido, cuya aparición en los medios tiene que ver con su mala conducta. Asociará de inmediato la alusión al roedor con una idea que es culturalmente compartida (lamentablemente) en nuestro medio, que sostiene que los políticos son deshonestos, corruptos, unas “ratas”. ¿Comprendería exactamente lo mismo cualquier hablante? ¿No necesitará, además del significado de las palabras, un conocimiento más bien del contexto, de los usos propios de los hablantes de un determinado grupo social? Porque, piense solamente si, en lugar del roedor, B hubiera respondido que el candidato es un tigre.
Quiere decir entonces que, cuando nos comunicamos, cuando escogemos las palabras y las estructuras con la intención de crear un mensaje, estamos recurriendo, claramente, a nuestro conocimiento del español como sistema, del cual empleamos elementos y reglas, pero, además, hacemos uso de contenidos, de connotaciones y de giros que son comprensibles solamente si (a) conocemos el contexto en que se dicen las cosas y (b) entendemos supuestos culturales compartidos tanto por el emisor como por el receptor. Y este conocimiento o saber sobre el mundo es tan o más fundamental que el saber lingüístico cuando de comunicar se trata.
Pasemos a una tercera cuestión que complejiza más aún el tema de la comunicación a través del lenguaje. Se trata del hecho siguiente: los hablantes no usamos el sistema de la misma manera cuando nos lanzamos a codificar o construir nuestros mensajes. Al plantear la noción de “norma” , se ha dicho que, en el uso del idioma, es totalmente común que se produzcan diferencias. No construye igual sus oraciones castellanas un madrileño frente a un limeño, o este frente a un ciudadano de La Paz, Bolivia. Los usos “normales” para cada grupo de hablantes pueden ser totalmente novedosos y hasta extraños para otros que, sin embargo, emplean el mismo sistema lingüístico o lengua. El hecho de que todos los hispanoamericanos nos entendamos obedece a que, dentro de lo permitido por el sistema, podemos hacer uso de nuestra creatividad. Y los factores que determinan esa variación tienen que ver tanto con nuestra edad como con nuestra procedencia geográfica y social. Incluso puede verse que influyen hechos como ser hombre o mujer (aunque hoy, probablemente, hay más semejanzas que diferencias entre las formas de expresarse, por ejemplo, de los y las jóvenes en la universidad). La pertenencia a un grupo cualquiera, como una “barra brava” o un grupo de surfers también puede influir y, de hecho, influye.
Quiere decir entonces que, cuando usamos el idioma, ponemos en juego nuestro conocimiento de sus reglas, a la par que hacemos aparecer en nuestro discurso características sociales y culturales que nos son propias como hablantes. No se expresa igual un hincha de fútbol bonaerense frente a un par mexicano, o una profesora de Lenguaje de la UPC ante sus alumnos, que usa una manera de hablar diferente a la del boletero de un vehículo de transporte público cuando llama pasajeros. Tampoco usará el idioma por igual un estudiante de primer ciclo si se comunica por chat con sus amigos o si lo hace a través de un correo electrónico dirigido a su Decano para hacer un reclamo. En los casos descritos, entran en juego cuestiones como la intención comunicativa y la situación comunicativa.
El primer concepto, intención comunicativa, tiene que ver con lo que se pretende al comunicar: no será lo mismo pedir datos sobre la salida al cine que se organiza con los amigos vía Messenger que escribir un correo electrónico o una carta para reclamar ante una autoridad; tampoco pretende lo mismo, comunicativamente hablando, el alumno que suplica poder entregar un trabajo a destiempo que el que se queja por una calificación injusta. La intención comunicativa refiere, entonces, a lo que se tiene como objetivo comunicativo.
Cuando nos referimos a la situación comunicativa, aludimos más bien a todos los elementos contextuales de un evento comunicativo. Nos interesa cómo, en función de esos elementos, adaptamos nuestro uso del lenguaje. La misma persona se expresa de modo distinto en una entrevista de trabajo y en un contexto amical o familiar. Su uso del idioma se hará formal o informal según sea el caso. Ahora bien, todo lo antes dicho tiene que ver con la(s) manera(s) en que el emisor emplea los elementos y reglas del sistema para construir o codificar sus mensajes (saber lingüístico). Sabemos que pone en juego, además, su conocimiento del mundo. Adecuará entonces sus mensajes según su intención y a cada situación.
¿De qué modos repercuten estas variaciones y adaptaciones que realiza el emisor en el receptor? Dado que este no solo decodificará, sino que, sobre todo, interpretará, ¿cuánto le interesan o afectan dichas variaciones en el uso lingüístico? A continuación, veremos qué tanta importancia tienen para él. A través de los usos del idioma, es posible reconocer, identificar y entender mejor a quien se comunica con nosotros. El modo en que emplea el idioma nuestro interlocutor nos da, en su pura forma, información precisa sobre el emisor. Reconocemos a los demás hispanohablantes por su acento (características fonológicas de su mensaje). Nos vemos en problemas cuando, en el nivel de la estructura de las palabras, un hablante hace un uso no “normal” o fuera de “la norma”.
¿Todos los hablantes captan por igual un titular que anuncia “Jerma mata a gil por celos”? La palabra “mujer” ha sido alterada en su estructura o morfología. ¿En qué tipo de diario encontramos estos usos del idioma? ¿Reconocemos la procedencia de un hablante si produce un enunciado como “De la ciudad su clima es muy variable.”? En este último caso, la sintaxis oracional (ordenamiento de las palabras) parece corresponder a la forma de hablar propia de la selva del Perú. Solo con escuchar a esta persona hablar, podemos identificar su lugar de origen y, a su vez, este dato, nos ayudará a interpretar mejor lo que nos diga.
¿Son estos datos valiosos desde el punto de vista del receptor? ¿Cuánto contribuyen a su interpretación? ¿Pueden, más bien, constituir un obstáculo estas variaciones? Es necesario decir aquí que pueden ocurrir y de hecho ocurren ambas situaciones: la variación en el uso del idioma puede generar tanto puntos de encuentro como de incomprensión. Un hablante será más eficaz si domina una paleta más amplia, más variada de usos lingüísticos. Y eso incluye comprender cómo varía el idioma según las regiones, según las edades, según la procedencia social, según las situaciones y las intenciones comunicativas.
Los hablantes emplean usos variados de manera tanto consciente como inconsciente. El empleo de una determinada variedad puede hacerse con una intención expresa (hablamos o escribimos de determinada manera para lograr un determinado objetivo al identificarnos con el receptor o para, por el contrario, diferenciarnos), o puede obedecer a nuestros hábitos inconscientes y a la internalización de la norma de nuestro grupo.
A continuación, como ejemplo de un uso particular del castellano y de cómo este es empleado de manera efectiva para un determinado fin, procederemos a analizar un corpus o conjunto de datos que nos permitirán ilustrar mucho de lo planteado en estas líneas. Se trata del análisis de las cartas que los lectores de la revista peruana DEDOMEDIO hacen llegar a la redacción, así como de las respuestas que los jóvenes escritores y periodistas dan a estas comunicaciones.
Propuesta de análisis
Para entender cabalmente cualquier mensaje, debemos, en primera instancia, identificar a quien lo enuncia y a quien lo recibe. Saberlo permite captar la intención comunicativa que ha impulsado a los hablantes, además de situar los enunciados contextualmente. Una vez aclarado todo ello, el análisis podrá concentrarse en las formas empleadas para darle cuerpo o materialidad, a través del lenguaje, a lo que se desea comunicar. La forma es importante porque depende de ella qué tanto logremos adecuar un enunciado para que exprese cabalmente lo que queremos. Y la forma depende de nuestra creatividad lingüística. Por ello, el modo en que usamos y organizamos la materia prima (reglas y elementos del sistema) es fundamental.
Analizaremos, entonces, enunciados construidos en español de acuerdo con sus reglas básicas y veremos el modo en que, en el libre juego de la comunicación, las posibilidades del sistema son exploradas y actualizadas por los hablantes en su afán por comunicar.
Trabajaremos con los intercambios verbales que se producen cuando los lectores de la revista Dedomedio, publicación periódica peruana, envían sus cartas a la redacción de la misma. Estas son presentadas en una sección consagrada especialmente al diálogo entre la revista y quienes la consumen.
Dedomedio, como nombre, ya nos plantea un primer nivel de análisis. Está escrito como una sola palabra, una unión de dos morfemas (palabras o partes de palabras) para crear otro nuevo. Inmediatamente, la expresión nos remite a un gesto que se hace con ese dedo en específico, en un movimiento que insulta a quien observa la mano levantada. Este primer dato será pertinente cuando descubramos quiénes lo ejecutan y lo que simbólicamente querría decir. Para ello, habrá que identificar la intención comunicativa de los enunciados y la identidad de sus emisores y receptores.
Partamos de la presentación que los primeros hacen de sí mismos. Lo que sigue ha sido tomado de la página oficial de la mencionada revista en la red.
El primer número de la revista salió a la venta en agosto del año 2007, previo lanzamiento en la Feria del Libro. El director, los redactores y redactoras, los diseñadores, productoras, fotógrafos y miembros en general de este nuevo equipo debutaron con un manifiesto que tenía esta consigna: “¡Estamos cansados!”. Y, por cansancio ante la pobreza y poca originalidad de las publicaciones locales, ante la mala televisión, ante los críticos de cine y las secciones sociales de los medios, ante la prensa en general, empezaron a escribir la revista. Son jóvenes y no tan jóvenes (parecen haber sido adolescentes en los ochenta) y, por lo que se ve, son peruanos. La revista sale en Lima, pero a la fecha ya se difunde en varias provincias del país.
Los lectores encuentran, en la publicación, artículos sobre cuestiones políticas nacionales e internacionales, entrevistas a artistas peruanos y extranjeros, muchas referencias a música y a cine, cultura popular masmediática, cultura global, cultura peruana, comida peruana, cómic, sexo, libros, muchas imágenes, imágenes y más imágenes, y mucho humor, que comparte espacios con análisis profundos y artículos serios, bien fundamentados, sobre temas polémicos de interés nacional y global. Junto a contenidos propiamente nacionales, aparecen referencias culturales muy diversas, mas abundan temas relativos al mundo cultural y lingüístico anglosajón. ¿A quién puede gustarle esto? Al parecer, a los jóvenes y también a algunos de sus padres, a universitarios en general, pero a los
de clase media y hacia arriba en particular. A los limeños, por supuesto, y a gente de otros lugares del Perú que comparte una o más características de las antes señaladas. A gente conectada a Internet. A un público esencialmente urbano. El sustento de estas afirmaciones se presentará enseguida.
Con estas apreciaciones, podríamos pasar a analizar la o las intenciones comunicativas que han impulsado a los autores a escribir. Parece que lo hacen con placer, porque tienen algo que contar y han detectado a quienes los quieren leer. Afirmamos esto por la fuerte presencia del “yo” de quien escribe a lo largo de toda la revista. Todo lo que se dice es presentado como una toma de postura personal ante el tema. Es una revista de entretenimiento y cultura vendida con, al parecer, cada vez más éxito y constituye un producto interesante. Se escribe, pues, con la intención de que la compren y de que la gente se divierta al leerla, pero también porque a los articulistas les interesa decir lo que tienen que decir.
La revista pareciera, además, estar escrita con la intención de generar una corriente de identificación con los destinatarios; hay una búsqueda de empatía con el público manifiesta en el tono personal de los artículos: lo que se narra puede ser parte de la experiencia tanto de lectores como de redactores por igual. La voluntad de dialogar se manifiesta en las cartas y en las respuestas a estas, así como en la abierta invitación a las colaboraciones de cualquiera (por supuesto, previa evaluación). De hecho, la revista ya ha publicado artículos que han sido escritos por quienes la leen.
Para comprender la relación que hay entre la revista y su público, ese afán de diálogo e identificación que mencionamos, analicemos cómo se usa el lenguaje, cuál es la forma que este asume y cuáles son sus características.
Cartas de los lectores y respuestas a las mismas
Les escribo por dos motivos: el primero (en son de patería) para felicitarlos por la revista. Me parece fuera de lo común, única, con un lenguaje fácil de digerir, ¡elegante, pe’ varón! Les soy sincero, he comprado tan solo dos ediciones y las demás me las han regalado en distintos lugares (calle, trabajo, universidad). El segundo es para compartir con ustedes un texto que escribí hace poco. Un amigo me metió la idea (estúpida, creo) de mandarles el texto. No espero su respuesta, ni mucho menos que lo lean.
Luis Eduardo Torres Pacheco
resident-lutor@hormail.com
¿Te las regalaron? ¿Quicusa? Ahora pasaremos a leer tu texto y a confirmarte si efectivamente tu amigo tuvo una idea estúpida o no.
¡Hablen, pes’ meñiques!! Jajaja… Oe’ en serio, su revista está de la pe-eme. La primera edición que leí fue la de “Todos tenemos nuestro hijo de puta”, y como podrán imaginarse, después de eso me volví adicto. Su revista es peor que la droga y el alcohol juntos (y más rica también, jajaja). En serio, los felicito por el gran trabajo que hacen. Sigan así que me hacen cagar de risa, en especial con esos chistes gráficos. Aprovecho para hacerles una pequeña crítica: falta un crucigrama y un sudoku… jaja.
José Ruesta
Ruesta_89@hotmail.com
JUAT??? Falta que aprendas a respetar, carajo, ¿qué es eso de meñiques? Acá tenemos meñiques, anulares y pulgares, y en algunos casos hemos tenido que desenfundar dos índices en un movimiento paralelo que dice “esta pa’ ti”. Bueno, ya pues, aceptamos tus felicitaciones aunque los demás dedos se resientan. Ya le mandamos tus saludos a Nicholas Gurewitch, el autor de esas viñetas que cada mes nos hacen defecar de la risa…
El día que se publicó el número con portada de Kiss, vi su revista y pensé “qué bacán, ya salió”, pero estaba misio y pospuse su compra. Cuando salí a buscarla, increíblemente ya no la tenían en ningún lado. Fui de avenida en avenida y no había, me desesperé al punto que me cambió el humor. Después de recorrer cinco esquinas, pensé “bacán, ahí si la encuentro” y me fui corriendo a esas tiendas inmensas de color amarillo que invaden todo el cono norte. Dicho y hecho, entré a la tienda y la encontré. Estaba solita, era la única, la abracé, la desnudé, pasé mis manos por sus hojas y sentí su olor. Al momento de ir a pagar, me faltaba la plata y pensé “puta, no puedo ser tan piña, carajo”, así que entré en una encrucijada: salir de la tienda con la revista escondida en alguna parte o salir sin nada. Créanme, señores, no podía dejar de maldecir, así que pensé “tas ‘on, mhttp://www.blogger.com/img/blank.gife la llevo, si me pescan me tiro al suelo y me hago el epiléptico”. Pero como Diosito es grande, en la cola del cajero me encontré con un amigo y le metí floro para que me preste dos soles. Salí con mi Dedomedio, más misio y endeudado, pero feliz.
Dan Josué Blas Olivares
Dedofan
daresdar@gmail.com
Si entendemos bien, primero te bolsiquearon, luego tú quisiste bolsiquear a la tienda, pero finalmente terminaste cabeceando a un amigo. No hay duda de que Dedomedio es una mala influencia.
Hola, ¡Me parece bravaza la idea de que se celebre el Día del Disco, de las tiendas que venden discos! ¿Me pueden explicar el tema? ¡Larga vida al rock y a los demás géneros! Un abrazo.
Renzo Airaldi Tejada
renzo77u@hotmail.com
El tema es juntar a los interesados y crear un grupo más o menos sólido para luego organizar una feria en la cual se compren, vendan e intercambien discos, toquen grupos, y se generen alianzas entre la gente que disfruta la música y respeta a los músicos. Ya somos cinco conmigo. ¿Dónde está el resto? ¡Larga vida al rock, el pasodoble y el candomblé!
Hablen, jugadorazos. Antes que nada, buenas tardes. Agradezco la oportunidad que me dan de expresar cualquier huevada que me salga del forro. Habiendo dejado eso claro, quiero chismearles que un huevón escribió un comentario en “El útero de Marita” (a propósito de un cherry que les hizo por enésima vez). Bueno, este sujeto dijo que si ustedes hubiesen publicado esa carátula en EE.UU., todos los números habrían sido confiscados y les habrían prohibido la distribución. ¿Por qué?, se preguntarán ustedes. Pues al parecer el pata la encontró racista. ¿Alguien podría por favor explicarme en qué demonios estaba pensando ese tío?
Jorge Castro
Jorgecastro32@gmail.com
Jorgito querido, no tenemos la menor idea, pero qué diablos, ¿no? Si nos preocupamos de cada comment que aparece por ahí, terminamos locazos.
Espero que el comienzo de año haya sido fabuloso para ustedes. Conmigo está siendo bastante bueno, la verdad no me puedo quejar, salvo un pequeño detalle. No me han llegado ni la edición pasada ni la actual. Por favor, solución, ¡¡¡no puedo estar sin leerlos!!!
Carlos De La Torre
carlosdlt@hotmail.com
Algo raro está pasando (¡señores de Wayra, desahuévense o desahueven a sus mensajeros, pues!), porque por lo menos cuatro lectores nos han informado que desde hace cuatro meses les están llegando dos ejemplares juntos. Y suscriptores uníos, avisen en guan.
Hola Dedos, les escribe una madre de familia agradecida. Gracias a ustedes, mi hijo, de 18 años, ha comenzado a leer. Bueno, es obvio que ustedes no son Oscar Wilde o Faulkner, pero al menos me alegra verlo leyendo algo, aunque sea la malcriada pero divertida revista que publican. Por otro lado, les aconsejo meterse un poco más en la denuncia local. Un abrazo y sigan mejorando.
Elizabeth Cabrejos
elicabrejos@yahoo.com
Querida Elizabeth, qué profundo placer leerte. Pero no sé si has visto con detenimiento el staff de esta revista. ¿Que no somos ni Wilde ni Faulkner? Bueno, no seremos ellos, pero sí estamos seguros de haber dejado un importante legado a la humanidad. ¿Más denuncia local? Lo intentaremos. Para empezar, que alguien detenga a uno de los cuidadores de autos de la Avenida Diagonal. Cobra más que el estacionamiento del óvalo Gutiérrez.
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Incluso sin ninguna información acerca de la revista o sus redactores y lectores, las posibles respuestas sobre su identidad empiezan a surgir a partir de la observación atenta del lenguaje empleado. La situación de comunicación por carta lleva naturalmente al uso de la primera y segunda personas verbales, lo cual es propio de contextos más bien informales. Aquí presentamos un ejemplo:
“[…] Créanme, señores, no podía dejar de maldecir, así que pensé ‘tas ‘on, me la llevo, si me pescan me tiro al suelo y me hago el epiléptico”. Pero como Diosito es grande, en la cola del cajero me encontré con un amigo y le metí floro para que me preste dos soles.”
Es evidente que formas de lenguaje como estas pertenecen a hablantes del sistema del castellano, pero enseguida vemos que son usuarios que emplean la variedad peruana del mismo. Si recordamos el concepto de norma , reconoceremos los usos antes citados como propios del castellano peruano en general y limeño en particular (ver el peruanísimo diminutivo en “Diosito es grande”, marca afectiva en el lenguaje que nos caracteriza y que provendría del sustrato quechua), además de reconocer un registro informal propio de la juventud. La evidencia inmediata nos permite identificar a los lectores de Dedomedio y a quienes escriben la revista como gente muy probablemente joven, de alrededor de 30 años, con algunos más o menos. La expresión “[Es]tás [huev]ón” es la manera usual de dirigirse a los amigos entre los jóvenes peruanos. La práctica verbal que consiste en eliminar las raíces de las palabras para conservar las terminaciones es también marca del uso lingüístico juvenil limeño.
A continuación, otros casos y ejemplos:
“[…] vi su revista y pensé “qué bacán, ya salió”, pero estaba misio y pospuse su compra”.
“Hola, ¡Me parece bravaza la idea de que se celebre el Día del Disco, de las tiendas que venden discos!”
Desde el punto de vista léxico, términos como “bacán” y “misio” forman parte de la jerga peruana. En el caso de “misio”, que alude a “pobre”, “sin dinero”, recurre a conservar la raíz de “misionero”. El término alude a los religiosos evangelizadores en zonas lejanas del país, en cuyo beneficio era y es costumbre recolectar dinero a través de campañas en las que los escolares piden la colaboración voluntaria de la gente por las calles.
En el término “bravaza”, se ejemplifica cómo el sufijo aumentativo [azo], su femenino [aza] o los plurales de ambos géneros han pasado a constituirse en una forma típica y frecuente en el habla juvenil de nuestro país. Véase, en las mismas cartas, los ejemplos “Hablen, jugadorazos” o “terminamos locazos”. Obsérvese la estricta sujeción a las normas de formación de palabras en castellano: masculinos, femeninos y plurales siguen las reglas del sistema.
El uso disfemista que, según muchos estudios, es característico del lenguaje juvenil, se manifiesta también aquí. Las expresiones “puta, no puedo ser tan piña, carajo”, y “Todos tenemos nuestro hijo ‘e puta” así lo demuestran. El estilo burlón y “malcriado” (deberíamos decir “faltoso”) que resulta de estos usos complace grandemente a los jóvenes y les es familiar, tal vez por su afán de remarcar su diferencia y rebeldía frente a la formalidad o “estiramiento” del lenguaje adulto, que se pretende “culto” y se muestra, por lo general, eufemista . Sin embargo, y en una muestra más de creatividad, el lenguaje en Dedomedio le hace un guiño a su lector adulto (o al joven de clase media y alta con educación universitaria) con formas más “correctas” como “su revista está de la pe-eme” o “esas viñetas que cada mes nos hacen defecar de risa”, que asumen un tono supuestamente serio para conseguir, justamente, el efecto cómico contrario. Lo mismo puede decirse de la siguiente línea, en la que la mención de dos danzas poco conocidas o anticuadas sirve para generar un efecto cómico particular, solo entendible para quienes conozcan esos términos poco comunes: “¡Larga vida al rock, el pasodoble y el candomblé! ”.
Otra característica del lenguaje juvenil es su tendencia a emplear, explícitamente, giros, palabras y estructuras propias de grupos marginados o marginales, en un afán contradictorio o “contracultural” que quiere afirmarse como transgresor ante la rigidez y corrección, una vez más, del lenguaje formal o adulto. Prueba de ello es el desenfado de locuciones como “Elegante, pe’ varón”, identificada como usual entre, por ejemplo, los vendedores ambulantes que abordan a los automovilistas para ofrecerles cualquier cosa: “Colabórame, varón”. Igualmente, el afán de desmarcarse de lo serio y propio de los padres (de los “viejos”) se hace notar en la forma en que se apela a los distribuidores de la revista: “¡Señores de Wayra, desahuévense o desahueven a sus mensajeros, pues!”. Los trata de usted (uso formal) y luego emplea uno de los términos favoritos de la jerga juvenil. Una vez más, el efecto divertido, transgresor, se hace posible gracias al respeto de la regla básica de orden morfológico: [des] es un prefijo, que se une a una raíz, [huev], a partir de la cual se han generado, en perfecto castellano, desahuevar, verbo de primera conjugación, tal como surgen huevear (verbo), ahuevado (adjetivo) y desahuevina (sustantivo), entre miles de variaciones creativas posibles.
Otro aspecto digno de atención surge con expresiones que provienen del inglés: “Si nos preocupamos de cada comment que aparece, terminamos locazos.” o “JUAT??? Falta que aprendas a respetar.” Es evidente que aquí se están empleando términos del inglés, lengua de prestigio y familiar para los jóvenes, no solo por haberla estudiado todos en algún momento, sino porque es la de mayor presencia en los medios de consumo masivo de música, películas, televisión y cine, formas culturales cercanas y propias de los jóvenes. Lo interesante es la adaptación de la fonología (sonidos) del inglés al sistema castellano en “JUAT???”, así como la fluidez con que se integra “comment” a la estructura castellana de la oración, igual que en la expresión “avisen en guan” (de inmediato). Finalmente, y para concluir con el tema de los otros idiomas en este discurso, no se puede dejar pasar el término “Quicusa?”, que parece ser un juego a partir de la pronunciación del castellano andino aplicada a la expresión típicamente limeña, de tono exclamativo, que indica en el hablante una reacción de asombro exagerado o de protesta: “¿Qué cosa?”. Ahora bien, el hecho de que se juegue con la pronunciación castellana andina ¿es acaso parte del desenfado juvenil? ¿Es burla? ¿Implica reconocimiento y aceptación de esa forma diferente de hablar? Llegados a este punto en el análisis, empezamos a adentrarnos en el tema de los contenidos culturales, valorativos e ideológicos presentes en un discurso. Detengámonos, pues esto último será materia de otro momento del análisis.
Con todo lo anterior, llegamos a algunas conclusiones: el público lector de esta revista es peruano, es joven, educado, y pertenece a sectores socioeconómicos medios y altos. Podemos descubrir eso solamente con la información que los usos del lenguaje nos proporcionan. Si la intención de los redactores es generar identificación con los lectores y divertirlos al hablarles en formas que reconocen, practican y valoran, ello se logra fundamentalmente a través del estilo, la elección y la combinación de usos lingüísticos de manera creativa. Es una muestra de cómo se conjugan los componentes de la competencia lingüística de los hablantes para generar mensajes creativos y que permiten transmitir lo que se desea comunicar de modo que exprese, también, las particularidades de un determinado grupo de usuarios.
¿Cuál es la repercusión de esta revista en la sociedad juvenil limeña y peruana? Sea cual sea la respuesta, es evidente que los efectos que puedan existir tendrán que ver con el modo en que se ha usado el lenguaje. Comprender eso es un primer paso fundamental para entender la importancia no solamente de lo que se dice sino del cómo se dice.
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